sábado, 5 de noviembre de 2011

El Reflejo de la Bruja - I Parte -

-I-


-¿Has visto la cantidad de cosas que hay? -dijo Emma a su hija Sara cuando entraron en una pequeña tienda de antigüedades que habían encontrado por casualidad en el centro.
-Más trastos viejos.... -murmuró Sara, a su madre le encantaban esas cosas, a ella le aborrecían.
-No son trastos...mira, aquí hay un teléfono antiguo, ¿no quedaría bien en el salón? -preguntó Emma emocionada.
-Si si...lo que tu quierás mamá -Sara empezó a dar vueltas por la tienda dejando a su madre atrás.
Emma la siguó, observando todas las cosas que habían, cuadros de artistas desconocidos, muebles de aspecto rústico, joyas que habían pertenecido a alguién hacía ya mucho tiempo. A Emma siempre le habían apasionado todas estas cosas y nunca dejaba escapar la oportunidad de entrar en una de estas tiendas y comprar algo.
-¡Eh mamá, mira aquí! ¿no querías comprar un espejo nuevo para tu habitación? -le dijo Sara al lado de una pared llena de espejos.
Había de todas las formas y tamaños, pero Emma quedó hipnotizada por un gran espejo ovalado, de marco dorado, delicadamente ornamentado.
-Éste es perfecto -dijo Emma en cuanto lo vió- es...¡es precioso! -le sonrió y miró el precio- no es muy caro, nos lo podemos permitir.
-¿No sería mejor mirar en otras tiendas?algo más...moderno por ejemplo.
-No hace falta mirar más, me quedo con éste.
-En fin, es para tí -respondió Sara con resignación, no entendía como algo tan viejo le podía gustar a su madre.
Fueron a la caja y un hombre de mediana edad les atendió.
-¿Desean algo? -les dijo afablemente.
-Sí, ese espejo de marcos dorados, nos lo llebamos.
-¿Estan...están ustedes seguras? -su cara amable habia desaparecido y dejó en su lugar un rostro incrédulo.
-Sí...-le contestó Emma- ¿oiga que le ocurre algo al espejo?
-No no...no le pasa nada, sólo que lleva mucho tiempo aquí...supongo que me sorprende que al final alguién lo compre -se le dibujó una leve sonrisa, al verla Sara dedujo que era falsa.
-Pues no entiendo porque, es un espejo fantástico. ¿Nos lo podrían llevar a casa? ¿mañana por ejemplo?
-Sí, no hay problema, ahora le cojo los datos y concretamos hora.
El dependiente se adentró en la trastienda unos instantes. Emma y Sara se miraron y cuando estaban a punto de hablar el hombre volvió.
-Apunteme aquí su dirección si es tan amable... -le pasó a Emma una hoja de envió.
Emma la rellenó, pagó el espejo más los gastos de envió y despidiendose, madre e hija salieron de la tienda.


-II-




Hugo volvió pronto esa noche del trabajo. Había doblado turno en el hospital el fin de semana anterior y ese día sólo había trabajado 4 horas. Cuando Emma le contó la historia del espejo mientras cenaban, le había parecido buena idea, por lo que le decía su mujer, era muy bonito, aunque su hija no parecía tan entusiasmada.
-A ver, un espejo es un espejo, es bonito si, pero no es nada del otro mundo -le dijo Sara mientrás se terminaba el postre.
-Bueno, mañana cuando lo vea podré opinar -dijo Hugo sonriente- además si a tu madre le gusta, seguro que estará bien. -se levantó de la mesa y dejó su plato y el de su mujer en el lavavajillas.
-Si, pero no te esperes maravillas, es sólo un espejo con un marco dorado -Sara se levantó, dejó también sus platos en el lavavajillas y lo puso en marcha.- me voy a leer un poco antes de dormir, buenas noches -dijo y les dió un beso en la mejilla a cada uno.
-Buenas noches.
-Buenas noches cielo -le dijo su madre y la observó marcharse. Parecía mentira que ya tubiera 15 años, cuando hace dos días aún la llevaba al parque de la mano. Miró a su marido - ¿vemos un poco la tele y vamos a la cama? -le guiñó un ojo, y Hugo supo perfectamente lo que eso quería decir.
-De acuerdo -la abrazó y fueron juntos al salón a ver la televisión.


A la mañana siguiente llegó el espejo. Emma lo puso encima de su cómoda, a Hugo le gustó, y Sara lo miró con indiferéncia.
El día fue normal, cada uno en sus respectivos trabajos, Emma era profesora de história y Hugo doctor en urgencias. Sara tuvo una buena notícia al sacar un sobresaliente en matemáticas.
Al llegar la tarde, Emma llegó cansada a casa, se cambió, se duchó y decidió dormir un rato hasta la hora de la cena, después le esperarían unas cuantas horas corrigiendo examenes. Cuando pasó por delante del espejo, le pareció ver una especie de sombra que la seguía. 'No puede ser...', penso, 'estoy demasiado cansada, veo cosas donde no las hay'. Se echó en la cama, eran ya las 19.30, puso el despertador media hora y se durmió.
De repente, se vió a si misma delante del espejo, cepillandose lentamente el pelo con un cepillo de aspecto antiguo. Su pelo, que era castaño rojizo, se veía de un rojo fuego en su reflejo y un poco más largo de lo normal. De repente, la imagen del espejo la miró detenidamente, y aunque ella seguía cepillandose, su casi igual en el espejo dejó de hacerlo.
-¡¡Ayúdame!! -le grito, el fonde se fue volviendo negro- ¡¡Ayúdame a salir de aquí, por favor!! - unas manos rodearon su cuerpo.
Emma se levantó de un salto
-¡Cuídado! ¡Dios! ¡¿como puedo ayudarte?!
En ese instante todo el espejo se volvió negro. Notó algo frío en su cuerpo, miró hacia abajo y unos brazos pálidos la rodearon. Al girarse, vió a una mujer, de pelo largo y castaño que la abrazaba, al poner atención en su cara, pudo comprobar que estaba en descomposición. Emma gritó con todas sus fuerzas y cerró los ojos instintivamente. Al abrirlos, estaba de nuevo en su cama, todo parecía en orden. Eran las 19.32.

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