lunes, 7 de noviembre de 2011

El Reflejo de la Bruja - II Parte -

-III-


Emma bajó al salón para cenar algo, se sentía extraña despues de esa pesadilla, se había levantado temblando, sobresaltada. 
-¿Que te ocurre cielo? -le dijo Hugo nada más verla. Sara estaba ya por el postre.
-Estoy bien, sólo un mal sueño, nada más -sonrió, no le tenía que dar importancía, al fin y al cabo era eso, sólo un sueño extraño, una pesadilla.
Cuando terminaron de cenar, Sara subió como siempre a su cuarto. Hugo miró a Emma.
-¿En serio estás bien? te veo muy callada. -dijo preocupado.
-Si si, no te preocupes, estoy cansada, es eso, ahora corregiré los examenes que me quedan y a dormir. Mañana estaré mejor -le miró y le besó. No sabía porque pero en su interior sabía que eso no ocurriría.


Estuvo corriguiendo examenes hasta las 12 de la noche. Pocas preguntas y buenas explicaciones, ese era su método, así que tenía mucho que leer. Cuando acabó, se dirigió a su dormitorio, Hugo ya estaba dormido. Se acostó a su lado y se durmió.
Abrió los ojos y se vió a si misma de nuevo delante del espejo. Sintió escalofríos, y se apartó de él. Pero su reflejo seguía allí, observandola. La sonrió. Era una sonrisa que le herizó la piel. Escuchó un sonido que provenía de su espalda. Lentamente, Emma se giró, conteniendo el aliento. Contempló como era su habitación en su sueño. Estaba casi igual, salvo que se sentía incómoda, y su marido no estaba en la cama. En un rincón, al lado de la puerta, vió una especie de sombra. Esa sombra empezó a moverse, arrastrandose por el suelo, lentamente. Emma se apartó, y se puso contra la pared. La sombra se fue levantado del suelo, con movimientos erráticos. Entonces se fue acercando más rápido. Emma vió su rostro, era la mujer de cabello castaño de su anterior sueño. La mujer se acercó hasta ponerse a unos centímetros de su rostro. El olor a muerte llenó toda la habitación. Emma chilló de terror.
-¡¡Emma, Emma despierta!!
Abrió los ojos y vió a Hugo zarandeandola, asustado.
-No pasa nada, es otra pesadilla -le dijo para tranquilizarle.
-Pero si estás temblando...
-A sido muy real, no te preocupes, se me pasará. Sigamos durmiendo.
Emma se dió cuenta de que su corazón estaba muy acelerado, intentó relajarse, pero era incapaz de cerrar sus ojos. No volvió a dormir en toda la noche.


-IV-


Antes de irse al instituto, Sara entró en la habitación sus padres. Su madre seguía ahí, en la cama, con los ojos medio abiertos, parecía que estuviera en otro lugar. Vió el espejo. Una sensación extraña recorrió todo su cuerpo. No sabía por que, pero empezó a ponerse muy nerviosa, así que salió de la habitación.
Bajó al salón, donde su padre, como cada mañana, se preparaba un café.
-Papá ¿que le ocurre a mamá? parece que esté ida o algo así -preguntó extrañada.
-Dice que a tenido unas cuantas pesadillas, que no a dormido bien -le contestó su padre- es como si no hubiera dormido en toda la noche. Como siga así, le tendré que dar un tranquilizante o algo para que descanse.
-Si, sería buena idea -le contestó Sara- ¿oye no notas....? - se detuvo, le iba a preguntar sobre el espejo, pero sabía que su padre no creía en esas cosas -es igual, me voy a clase, hasta luego.
Cogió su cartera y se marchó.


Volvió pronto. Estaba preocupada por su madre, y su padre le había llamado para decirle que tenía guardia en el hospital esa noche. Dejó sus cosas en su habitación y fue a ver a su madre.
-Mamá, ya he llegado. ¿Como estás? 
No obtuvo respuesta, su madre seguía ausente.
-Venga, tienes que levantarte, no puedes estar todo el día así.
Nada. Sara se sentó en la cama, al lado de su madre. Seguía sintiendose incómoda, nunca le había ocurrido algo así, era una sensación extraña. Miró al espejo de nuevo y le pareció ver una sombra al lado de la puerta. Miró hacía allí y no había nada, volvió a mirar en el espejo y la sombra ya no estaba. Se levantó lentamente de la cama. Observó atentamente el rostro de su madre, parecía aterrada. Estaba pálida y tenía ojeras. En sus ojos se podía ver miedo. Miedo en su más pura esencia.
Sara se fue de la habitación y cerró la puerta. No podía aguantar más allí. Desde que estaba ese espejo su madre había cambiado.


-V-


Emma no conseguía levantarse de la cama. No dormía, y si su marido o su hija no le subían algo para comer, tampoco comía. Llevaba así dos semanas. Se sentía abatida, agotada, como si perdiera fuerzas lentamente. Pero sobre todas las cosas, asustada. No quería levantarse de la cama. Tenía miedo de ver lo que había en su habitación. Una vez intentó incorporarse, pero volvió a ver la sombra en la pared. Siempre en el mismo lugar. Le echó una mirada al espejo, y vió su reflejo, con el pelo rojizo, que la sonreía. Desde entonces no había vuelto a intentarlo. No entendía que era eso. No entendía nada. Sólo sentía el miedo.


Sara la visitaba a menudo, aunque no tanto como ella quisiera. Aún se sentía mal cada vez que estaba en esa habitación, así que no permanecía demasiado tiempo con su madre, cosa que le entristecía. Hugo estaba con Emma siempre que podía. Esas semanas tuvo mucho trabajo en el hospital, por lo que no estaba mucho por casa. Nadie sabía que le pasaba a Emma, sólo que no salía de su cama.
Pasó otra semana igual a las anteriores, y aunque Sara intentaba evitar el tema porque lo consideraba una casualidad, ya no pudo hacerlo más.
-Se que no quieres hablar mucho pero tienes que decirnos que te ocurre, mamá, ésto no es normal. Parece que te hayan gafado o algo así. Desde que compraste ese maldito espejo...
Sara no pudo continuar. Los ojos de su madre se abrieron más de lo normal, y su rostro dibujó una mueca de terror.
-Es eso ¿verdad? -miró hacia el espejo, volvió a ver la sombra en el rincón, se sobresaltó. -¿Que haces aquí? ¿que es lo que quieres de mi madre? -le preguntó desafiante, apartando el miedo de su mente.
La sombra desapareció, y en su lugar apareció un reflejo que nunca habia visto. Era una mujer, muy parecida a su madre salvo por el pelo, de un rojo intenso. La mujer la miró y sonrió. Después, desapareció.
Sara se marchó corriendo de la habitación, decidida a ver a alguién que se había extrañado de que se llevaran ese objeto: el vendedor de la tienda de antigüedades.


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