martes, 8 de noviembre de 2011

El Reflejo de la Bruja - III Parte -

-VI-


Cuando Sara irrumpió en la tienda de antigüedades, el dependiente la miró y esbozó una misteriosa sonrisa.
-Sabía que volveria....
Sara, soprendida, se acercó a él con paso decisivo.
-¿Que sabía que volvería? ¿acaso es vidente o tiene algo que esconder? recuerdo cuando compramos el espejo, usted se mostro sorprendido, ¿porque? desde que lo compramos mi madre está encerrada en su habitación y antes ví...
-A una mujer de pelo castaño u otra de peliroja ¿cierto? Son las hermanas Sanz.
-¿Quién demonios son las hermanas Sanz? -Sara empezaba a estar nerviosa, parecía que ese hombre supiera todo desde el principio, y la furia fue creciendo en su interior.
-Eran brujas. Muy poderosas. Normalmente a la gente no le gusta ese espejo, les incomoda. Por eso me sorprendió tanto que quisieran comprarlo.... -hizo una pausa.
-Si sabía esas cosas ¿por que nos vendió el espejo? -dijo Sara bruscamente.
-Bueno, no sabía si las leyendas eran ciertas o pura superstición. En mi profesión hay muchos objetos con historia. Aunque como ya he dicho, a la gente no le suele gustar estar cerca de ese espejo... -el hombre se sentó en una silla detrás del mostrador y miró atentamente a Sara- se dice que Elisa y Helena Sanz eran dos hermanas muy poderosas, heredaron sus poderes de su madre, también era bruja. Al morir ella, Helena, la del pelo castaño, se volvió ambiciosa. Quiso someter a todo el mundo con su poder, y lo consiguió. Menos a Elisa. Ella la desafió, y se enfrentaron en una batalla en la que ninguna de las dos salió con vida. Cuenta la leyenda que el alma de Elisa quedó encerrada en el espejo, y que su hermana vela para que nadie pueda rescatarla.
-Joder...yo pensaba que nada de eso existía, que eran cosas para asustar a los niños...
-Pues ya ve que no, yo también lo creía, hasta que vino usted, esperaba no volver a verla, pero algo en mi interior me decía que si, y al ser su madre la que quiso el espejo, supuse que usted sería quién vendría en busca de respuestas. -desvió su mirada- lamentablemente no se que pueden hacer para solucionar el problema, la verdad, yo le recomendaría que tirara el espejo....si esque éste se lo permite...
-Claro que lo pienso tirar, ¡y ahora mismo! -dijo Sara y empezó a dirigirse hacia la puerta - y le recomendaría que si tiene algún otro objeto que tenga alguna leyenda o cosa extraña...¡¡no lo venda!! -dió un portazo a la puerta y fue rápidamente a su casa.


-VII-


Sara entró directamente en la habitación de su madre. Se acercó a ella y le acarició la cara
-Mamá, no te preocupes, que ahora arreglo yo todo esto y volverás a ser la de antes -le sonrió.
Emma seguía en estado catatónico. No dijo nada. Sara sollozó de impoténcia, de ver a su madre así y se acercó al espejo.
-Acabó tu hora... 
Se paró en seco. La mujer peliroja la estaba mirando.
-Sacádme de aquí, por favor.
Sara dió un par de pasos hacía atrás. Miró de nuevo a su madre, por primera vez en tres semanas parecía salir de su ensoñación. Se incorporó un poco de la cama.
-¿Que podemos hacer? -Sara miró a su madre. Todo esto le parecía subrealista, pero estaba pasando. Sentía que a pesar de que todo era una locura, era real.
-Acercaos, las dos. Sacadme del espejo y toda esta pesadilla terminará. Sólo tenéis que acercaros a mi.... -Elisa sonrió.
-No lo hagais...-dijo una voz de entre las sombras.
Emma y Sara giraron la cabeza, y en la pared al lado de la puerta estaba la mujer de pelo castaño, Helena. Sara recordó la história que el dependiente le había contado, Helena estaba ahí para vigilar que Elisa no escapara del espejo.
-Vamos -le dijo a su madre- tenemos que ayudarla.
-No lo hagais -volvió a decir Helena- no es lo que parece.
-No quieres que ella escape, ¿no es así? quieres que esté encerrada siempre en el espejo, torturarla haciendo que su alma no pueda descansar, ¡¡y por culpa de todo esto también estás torturando a mi familia!! ¡¡así que si debo ayudarla para que todo vuelva a la normalidad, lo haré!!
-Cometéis un error...no la escuchéis... -dijo Elisa, acercandose a ellas, con movimientos erróneos y rápidos. A Sara se le pusieron los pelos de punta. - no es lo que parece...
Pero Sara estaba decidida. Ayudó a su madre a levantarse de la cama, y juntas fueron hacia el espejo.
-No...


-VIII-


Fue lo último que oyó decir Sara. De repente, estaba dentro del espejo. Era como la habitación de sus padres pero a la inversa, y más oscura. Elisa se puso al lado de ellas.
-No pensé que fuera tan facil... -de repente, la sonrisa que tenía se volvió una mueca diabólica - en serio ¡¡no pensé que fuera tan fácil!! -empezó a reirse.
-¿Que...que quieres decir? -preguntó Sara, aunque ya dedujo la respuesta. Tenía a su madre cogida por la cintura.
-Tendrías que haberle hecho caso a mi hermana. Nada es lo que parece. 
-¿Pero...pero el dependiente dijo....?¡¡tu eres la buena!!
Helena empezó a reirse más fuerte, tanto, que el parecido que tenía con Emma se borró. Sara sintió un escalofrío en lo más profundo de su ser.
-Las historias cambian....las leyendas, con el tiempo se tergiversan. ¿Elisa la bruja mala? ¡¡Dios, si era una santita!! La muy estupida...intentó arruinar mis planes, pero pude matarla. Lo malo esque no pude evitar el maldito hechizo que me encerró aquí. ¡Y encima Elisa decidió quedarse para vigilarme! -hizo una risa sarcástica- aunque no creo que le haya servido de mucho ¿verdad? -les guiñó un ojo.
Sara sentía cada vez más frío. Emma se desmayó.
-¡¿Pero que le pasa a mi madre?! ¡¿Que le has hecho hija de puta?!
-Ah ah ah...nada de insultos o lo lamentarás -le lanzó una mirada amenazadora- lo que le ocurre a tu madre es que para poder salir de aquí necesitaba dos cosas: algún estúpido que me diera su fuerza vital, y otro que se quedara aquí en mi lugar. 
Emma cayó al suelo, Sara se acercó a ella. Estaba muerta.
-Perfecto, ya tengo toda su vida dentro de mi - Elisa sonrió.
-¡¡Maldita seas!! -Sara se avalanzó sobre ella.
Elisa hizo un movimiento con las manos y desapareció. Sara miró a su alrededor, no estaba por ninguna parte. En el rincón pudo ver a Helena que se acercaba lentamente. Sara cayó al suelo llorando.
-Te lo advertí -oyó la voz de Helena susurrante, muy cerca- has hecho que ella escape, tu madre está muerte y tú...tú estarás aquí para toda la eternidad....-desapareció.
-¡¡No!! ¡¡No, por favor!! ¡¡No me dejes aquí!!
-Ella sólo vigilaba que nadie me liberara, se ha marchado para siempre. Descansa en paz, hermanita. - miró hacia el espejo y vió a Elisa en el otro lado- ahora tú sentirás lo que yo he sufrido todos estos años.
Empezó a reirse y salió de la habitación. Sara lloró con todas sus fuerzas. Gritó impotente, con el cuerpo de su madre a un lado. Sabía que por su culpa ella había muerto. 


Sabía que jamás volvería a salir de allí y que viviría para siempre en el espejo.

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