domingo, 18 de diciembre de 2011

La Autopista de Los Muertos -Parte III-

-III-


La gente estaba cada vez más nerviosa. A parte de parar todos los carriles para entrar a la ciudad, habían empezado a circular muchos coches en los de salida. Gente histérica, asustada, con manchas de sangre en las carrocerías de sus coches, pasaban a toda velocidad. En uno de los carriles sólo pasaban coches de policía y ambulancias. Manuel estaba al borde del colapso. Caminada deprisa, y sentía que su corazón iba a mil por hora. Cada vez que pasaban delante de una hilera de coches, más personas se unían a ellos.
La gente de alrededor contaba histórias aterradoras, de las que, como la anterior llamada telefónica, ponían los pelos de punta.
-Me a llamado mi hermana, dice que hay un incendio en frente de casa, muchos heridos, ¡y que los bomberos no cogen el teléfono! hay gente sangrando, quemada... por todas partes y nadie viene a ayudar, es como si a nadie le importara una mierda esa gente....está encerrada en su casa, parece que han puesto el mensaje ese en todos lados...
-Mi marido...está herido....estaban en el trabajo y unos locos entraron y atacaron a todos, tuvieron que salir pitando del la fabrica. A él le han destrozado la pierna, un compañero lo acompañó a casa, pobrecillo, ahora tendré que acompañarle al hospital, y dicen que está colapsado... -dijo una señora cerca de Manuel.
-Yo de usted no le llevaría al hospital. Le recomendaría que se quedase en casa y se curara como pudiera -contestó éste, recordando la periodista de la radio.
-¿Y en que se basa en decir eso? Mi marido tendrá que ir al hospital, ¡necesita un medico! y no cuatro vendas y un ibuprofeno, necesita que le miren bien...
-Creame, se de lo que hablo...
-Tiene razón - dijo un chico una fila más atrás- en las notícias, en la radio, una reportera estaba en un hospital y de repente se empezaron a oír gritos y mucho ruido, yo no me acercaría a uno ni loco ahora mismo.
La senñora miró a los dos hombres, y bajó la cabeza.
-La cosa está jodida, ¿eh? -dijo la chica joven que se encontraba cerca de Manuel.
-Eso parece.... -conestó.
Siguieron caminando, habían pasado ya más de una hora y se acercaban a la entrada de la ciudad. Desde allí no se veía bien que pasaba, pero algo grave seguro. Se veían un par de incendios activos, se empezaban a escuchar cada vez más sirenas de los coches, no sólo de la polícia, ambulancias y bomberos, sinó coches de civiles. ¿Disturbios ciudadanos? ¿Robos en masa? ¿Ataque terrorista? parecía una mezcla de todos ellos.
El Ministro de Sanidad había dicho algo de no acercarse a personas desconocidas, que se comportasen de forma extraña ¿terrorismo biológico, tal vez? Manuel estaba cada vez más asustado, y temía que a los suyos les huviera pasado algo grave. Seguía llamando al móvil de su mujer una y otra vez, pero no hubo respuesta. 
Cuando llegaron a la entrada de la ciudad se encontraron a unos cuantos (más de 20, según contó Manuel) policías discutiendo con los conductores de los coches. Estaban indignados, y parecía que los policías empezaban a perder la paciencia con ellos.
-A ver caballero, ya le he dicho que NO PUEDE MOVER EL COCHE, ¿esque no me a entendido bien? -dijo un policía con agresividad.
'Lo que nos faltaba', penso Manuel. No tenía suficientes cosas en su cabeza como para encima tener que discutir con los idiotas que no les dejaban pasar.
-Disculpe agente, ¿nos podría decir porque no podemos circular? llevamos horas esperando....
-Caballero, como ya he repetido mil veces, tenemos ordenes de no dejar entrar a nadie en la ciudad. -dijo secamente y le dió la espalda.
-Pero disculpe que le moleste otra vez -dijo hirónicamente Manuel- pero debe comprender que no entendemos porque no podemos movernos. -le espetó.
-A ver, ¿esque no me a oído? que no pueden, son ordenenes, y no puedo decir nada más, así que vuelvan a sus coches y esperen.
-¿Y como quiere que esperemos? ¡no tenemos todo el día! además, en la radio han dicho que vayamos a nuestras casas, ¿no? ¿no tendríamos que estar haciendo eso, ir a nuestras casas? -dijo la señora del marido herido.
-Mire... -se le cayó una gota de sudor por toda la cara, se le notaba cada vez má nervioso y enfadado- a mi me importa una mierda lo que hayan dicho por la radio, nosotros tenemos órdenes, y las cumpliremos. -dicho esto, se volvió a girar y se reunió con los demás agentes de policía.
-Será hijo de puta... -dijo la señora, resultaba extraño verla decir eso, ya que parecía una mujer muy refinada.
-Pues yo no me pienso quedar aquí... -dijo la chica joven y empezó a caminar.
Los policías se dieron cuenta y se giraron todos de golpe.
-Señorita, le recomiendo encarecidamente que vuelva su coche y espere a que la situación se normalice. -dijo otro policía, más bajito que el anterior.
-Y yo le recomiendo encarecidamente que se aparte -dijo con tenacidad.
-Señorita, tenemos ordenes de no dejar pasar a nadie, si las incumple, tendremos que detenerla.
-¿A ella y a cuantos de nosotros más va a detener? -dijo Manuel- si se fija bien, verá que al menos les triplicamos en número.
Los policías se miraron y cuchichearon entre ellos.
-Miren, tenemos ordenes, si nos dan algún problema....
-¿Que ?¿Si os damos algún problema que piensan hacer?
Un policía, que estaba hablando por lo que parecía un pequeño micro se acercó a los demás y les dijo algo al oído.
-Si dan algún problema...tenemos via libre para detenerles como sea....
Manuel se quedó en blanco ¿estaba insinuando que iban a disparar contra civiles desarmados? no, no podrían hacer eso....no sin ningun motivo.
-Lo siento, pero la situación es muy grave, no podemos dejarles entrar, creanme, es por su propia seguridad -dijo el mismo policía- así que les agradecería que dieran media vuelta, volvieran a sus vehiculos, y esperen nuestras indicaciones.
Los conductores y sus acompañantes que habían ido con Manuel hasta allí empezaron a hablar entre ellos.
-Mejor volvemos, ¿no? -dijo un hombre de unos 50 años.
-Pues yo quiero ir a ver como está mi novia. -dijo un chico joven.
Y así hasta cientos de murmullos y razones para quedarse o regresar a sus coches.
Manuel estaba decidido, tenía que dar esquinazo a los policías e ir por los laterales. Por allí, con toda la gente que había, seguro que no se darían cuenta y podría estan en su casa en...
-Aaaaaaaaaaaaaahhhhh 
Todos girarón las cabezas y mirarón hacía ese grito de dolor. Alguien estaba mordiendo a uno de los policías, los demás intentarón separarle, y al ver que no podían le dispararon. Su compañero cayó al suelo, inconsciente, sin vida. Su atacante seguía en pie, a pesar de los disparos, hasta que alguién le dió en la cabeza.
-¡¡Habéis visto a ese cabronazo!! ¡¡joder, parecía de hierro!! -fijo uno de los policías.
-¡¡Que alguién llame a una ambulancia!! -dijo otro.
-¡¡No vendrán, con todo lo que está pasando no vendrán!!
Antes de poder asimilar todo lo que estaba pasando, más personas, salidas de detrá de la barrera que formaban los policías, empezaron a atacarles. Algunos se desplomaron al suelo debido al peso de sus atacantes. Otros empezaron a disparar. Manuel y los otros retrocedieron. Las personas atacantes estaban llenas de sangre y heridas. Parecían desorientadas y descordinadas...Parecían las personas de las que se tenía que huír según el Ministro de Sanidad.
La gente caía como moscas, se escuchaban gritos y disparos por todos sitios. Algunos alcanzaros a civiles. Otros daban en el blanco, aunque no conseguían reducirles a la primera. Pero cada vez habían más de esas...¿se les podía considerar personas? de esas cosas...
A Manuel se le herizarón todos los pelos del cuerpo, delante tenía una escena sacada del mismísimo infierno. Un policía yacía en el suelo y un grupo alrededor lo estaba despedazando y comiendoselo. Otros en solitaron mordían o intentaban arrancar algo de las personas sanas. Empezó a correr hacia atrás, tenía que buscar una salida. Esas cosas eran cada vez más numerosas y tenía que salir de allí lo antes posible. 
La gente empezó a salir de sus coches y corrían sin rumbo fijo. Los que se quedaban dentro sufrían una emboscada. Manuel tuvo que apartar la vista al ver como un grupo de esas criaturas rodeaban a la mujer con el bebé. Por los gritos y los llantos ya se imaginaba lo que allí estaba pasando.
Siguió corriendo, mirando a los laterales y vió una escapatória. Parecía que esos seres no estaban por la zona boscosa del lado de la carretera. A poco a poco, fue acercandose a su destino, y se adentró un poco en el bosque. Algunas personas que lo habían visto le imitaron. Corría mirando atrás, recto intentando alcanzar la entrada, cuando chocó con algo y cayó al suelo de espaldas. Se intentó incorporar pero algo se avalanzó sobre él. Cuando se dió cuenta de lo que ocurría le quedaban ya pocos minutos de vida. El policía que había matado aquella cosa estaba allí, con una enorme herida en el cuello, y en un movimiento rápido le arrancó media cara de un mordisco. Mientras sentía su sangre caliente deslizarse lentamente por su cuerpo pudo ver como esos seres se comían también a la chica joven que iba a su lado. Pensó en su familia por última vez y el ser le volvío a hincar el diente.

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