domingo, 26 de febrero de 2012

Inocencia Muerta

Volvía a casa después de una cita a ciegas. Jean no lo había pasado mal, la chica era muy simpática y guapa, amiga de su hermana que conocía bien sus gustos; pero no era divertida. Habían ido a tomar algo y al cine. Él quería ver una comedia, de esas que te hacen reír cada dos minutos, pero ella quiso ver un drama romántico, y Jean había aceptado para no importunarla.
Era una noche tranquila, cálida, de finales de primavera. Tomó un atajo y llegó en menos de media hora a su apartamento.  Allí, fue directo a darse una ducha. Una ducha que se alargó un poco más de lo normal, ya que quiso relajarse un rato.
Se puso cómodo y se sentó en el sofá. Puso la tele. Noticias sobre una guerra que a él le parecía de un país remoto aparecían en la mayoría de los canales. Decidió apagarla y se puso con su ordenador portátil un rato. En las redes sociales habían fotos de policías por las calles, de hospitales colapsados, e historias de ataques y robos; unos decían que había una epidemia de no sé que virus, ¿vacas locas? ¿gripe aviar? ¿ántrax? no lo sabía, pero internet era un hervidero de extrañas teorías. Recordó a Orson Welles y su Guerra de los Mundos. Apagó el ordenador y puso un DVD de Leslie Nielsen. Una de esas comedias absurdas que hacia que olvidaras todo lo que ocurría en el mundo.

Cuando llevaba una hora de película alguien llamó a su puerta. Se escuchaba una voz aguda pidiendo ayuda.  Jean comprobó quien era por la mirilla. Se trataba de Anna, la hija pequeña de sus vecinos de arriba. Abrió.
-Cielo, ¿Qué ocurre? Estas no son horas de…
Pero no pudo  continuar. Anna entro sollozando a toda prisa.
-¡¡Cierra, cierra que viene!! –dijo con voz chillona.
Jean cerró la puerta. Lo primero será tranquilizarla, pensó, y luego la llevaría con sus padres.
-No va a venir nadie, ¿que ocurre Anna? –la mió, estaba histérica y tenía sangre en su vestidito lila - ¿pero que te a pasado?
Jean se acercó a ella, tenía una especie de corte en el brazo.
-Mi tío…mi tío…no esta bien…-dijo entre lagrimas- a….a…
-Tranquila pequeña, cuéntame… -le dijo Jean con voz calmada.
Ella asintió.
-Mi tío a atacado a mis padres….estábamos cenando, él vino tarde, dijo que alguien le había intentado robar y le había mordido en el cuello, y…y que había ido al medico….al cabo de un rato empezó a encontrarse mal y mamá dijo que descansara en el sofá….mi tío se tumbo y nosotros seguimos cenando….pero pero….pero de repente… -a Anna le costaba cada vez más hablar, emitió un ruido, una especie de gemido, Jean la abrazo.
-Estás a salvo, tranquila…. –le dijo meciéndola un poco.
Anna  le dijo en un susurro.
-De repente mi tío ataco a mis padres.
Jean se apartó y la miró. Anna miraba el suelo.
-Anna, dime, ¿como que ataco a tus padres? ¿Dónde están?
-En casa…en el suelo del salón…atacó a mamá y la tiró al suelo, papá lo aparto y lo atacó a él, yo grito, no sabía que hacer y entonces  me atacó también a mi, mi papá le apartó pero él me mordió el brazo…¡¡me hizo mucho daño!! Y mamá grito ¡¡corre, corre!! Y yo corrí y me fui…. –lloró más fuete- ¡¡les abandone!! ¡¡tenía que haberme quedado!!
-No, no - dijo Jean - hiciste bien, tenía que salir y pedir ayuda. Voy un momento a ver como están ¿vale? No tardo
-¡¡No puedes irte!! ¡¡te hará daño a ti también!! –chilló Anna.
-No pasará nada –Jean abrió la puerta, Anna se escondió tras el sofá- Ahora vuelvo.
Subió por las escaleras hasta el piso de arriba. La puerta estaba abierta.
-¿Joel? ¿Laura? ¿hola? Anna está en mi casa, dice que… -se dirigió al salón y se detuvo en seco.
Estaba todo lleno de sangre. Había rastros de pelea por toda la habitación. Pero ni rastro de nadie… Jean comprobó en todas las demás habitaciones. Nada. Volvió a su apartamento. Anna seguía escondida tras el sofá. Cerró la puerta con llave y sin decir nada cogió el teléfono. Marcó el número de la policía. Comunicaba. Emergencias. Comunicaba. Bomberos, para probar. Comunicaba. ¿Qué estaba pasando?
-No me encuentro muy bien…. –Jean se giró y se acercó a Anna.
-¿Qué te pasa pequeña?
-No se, no me encuentro bien, y me duele mucho el brazo…. –dijo levantándolo.
-A ver, déjame echar in vistazo.
El brazo de Anna no tenía buena pinta. Parecía que su herida, un mordisco de su tío, se estaba infectando.
-Voy a limpiarte la herida y vamos corriendo al hospital, ¿vale? Ya verás como en un rato te pones bien –le dijo con dulzura, no quería alterarla.
Anna se tumbó en el sofá mientras Jean buscaba el botiquín. No tenía mucha cosa, pero serviría para algo provisional. Se acercó a Anna, parecía que se estaba durmiendo, así que con cuidado le desinfectó la herida y se la vendó.  Empezó a tener temblores,  Jean le tocó la frente. Estaba ardiendo. No podía perder tiempo, debía llevarla al hospital cuanto antes.
-Anna, Anna cielo despierta ¿puedes caminar?
Anna no respondía. ‘La llevaré en brazos’ pensó, ‘así descansará y no se enterará de nada’.
Unos fuertes golpes sonaron en la puerta.  Se detuvieron. Jean se quedo paralizado, en silencio. Anna ni se movió. Más golpes, cada vez con más violencia. Jean se levantó y fue a ver quién era. En la mirilla apareció su vecino, el padre de Anna, sólo que había cambiado.  Estaba cubierto de sangre y pálido como la cera. Tenía heridas por todo su cuerpo. Aporreaba la puerta con fuerza y emitía unos extraños gruñidos. Jean se apartó de la puerta. ¿Que coño iba a hacer ahora? ¿Y qué demonios le pasaba a su vecino? Tendría que esperar que se cansara y se fuera, y aprovechar ese momento de des canso para irse con la niña. Iría directo al hospital más cercano y todo iría bien.  

Se sentó en el sofá, al lado de Anna, en silencio y cogió el teléfono otra vez. Llamó otra vez a urgencias pero nada. A la policía pero nada. Noto un movimiento en el sofá. Anna moviéndose en sueños supuso. No se dio cuenta de que Anna había levantado el tronco. Ni que estaba blanca como la cera al igual que su padre. No la vio venir cuando se le abalanzó y le mordió directamente en la yugular. Ni se la pudo quitar de encima hasta que le arrancó un buen trozo de carne. Jean la apartó como pudo y se apartó, cayéndose del sofá y arrastrándose por el suelo. Anna le seguía de cerca, intentando comerle. Jean apoyó su mano en su cuello, intentando tapar la herida. Pero de nada serviría. En unos segundos se quedó medio inconsciente debido a la perdida de sangre, y a continuación, se convirtió en la primera cena como zombie de la pequeña Anna.


Dedicado a Tatis Lizcano, que le gustan mis historias ;)

4 comentarios:

  1. Me alegra mucho que te guste :D muchas gracias!!!

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  2. Guay!!! Soy muy fal de estos relatos, he llegado aquí por el titulo de Inociencia muerta que es el nombre de mi blog :)

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  3. Anda, que casualidad jejeje ^^ muchas gracias, me alegra que te guste :)

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