domingo, 12 de febrero de 2012

A quién pueda interesar…


A quién pueda interesar… Si estás leyendo esto, seguramente  ahora sea uno de esos seres que caminan y devoran a la gente, si intento atacarte, lo siento, realmente no soy yo…

Escribo esto porque quiero dejar algo de mí en este caos en que se ha vuelto todo. Estoy escondida en este piso, de alguien que probablemente este muerto, he encontrado una libreta y un bolígrafo y pensé que estaría bien contar como viví estos días en los que la vida tal y como la conocía a cambiado por completo.  Puede que te importe una mierda lo que estoy escribiendo, pero necesito hacerlo, necesito dejar constancia de que alguna vez estuve en este mundo.

Empezaré por el principio. Volvía de estar con unos amigos un sábado por la noche. Lo había pasado genial, bebiendo y hablando en un bar al que íbamos todas las semanas. Estaba cansada así que sólo pensaba en volver a mi apartamento y descansar un poco. Cuando ya estaba a dos calles de mi casa vi varias ambulancias y coches patrulla que iban por todas partes. Eso no me preocupó, la criminalidad había aumentado mucho debido a la crisis.

Ahora sé que eso era sólo el principio…. Llegué a casa y me fui a dormir.

Al día siguiente las sirenas estaban por todas partes. Ellas me despertaron. Me preparé un café y puse la televisión, en ella hablaban de ataques, de violencia en las calles. Todas las cadenas emitían imágenes de gente herida, sangrando por todas partes, y explicando historias de lo más inverosímiles. Historias de gente mordiendo a otros, de personas devorando a personas. Ataque terrorista decían algunos, arma biológica que hacía enloquecer a la gente. El gobierno informaba de que se estaba investigando lo ocurrido y que en cuanto tuvieran información emitirían un comunicado.  Recomendaban quedarse en casa.  Llamé a mis padres, estaban bien aunque uno de esas personas enloquecidas había mordido a mi hermano pequeño y tenía  mucha fiebre, lo querían llevar al hospital, pero en los medios decían que estaban llenos. Ahora sé que están muertos.  Seguramente mi hermano  los habrá devorado.

Por mi parte decidí salir a comprar algo de comida antes de que el caos fuera a más. Tenía muy pocas cosas y con eso no aguantaría ni dos días. Cuando salí a la calle, me di cuenta de cual era la magnitud real de lo que estaba ocurriendo. Las calles parecían un campo de batalla. Policías y militares iban de un lado a otro, y la gente, los civiles aterrados intentaban refugiarse donde podían.  Caminé un poco hacia el  comercio más cercano, estaba cerrado pero unos saqueadores habían abierto un boquete en la puerta y pude entrar. Recogí unas cuantas cosas y salí rápidamente. Cuando regresaba a casa empecé a ver gente corriendo en la dirección contraria a la que yo caminaba. Corrían sin rumbo fijo, mirando hacia atrás, algunos ensangrentados. Me detuve. Me quedé paralizada al ver de lo que huían. Policías y militares, que hacían de barrera para proteger a los civiles estaban disparando a personas.  A lo que parecían personas. Caminaban de forma errática y estaban mutilados. Tiré las cosas que había cogido de la tienda y corrí como los demás.

Choqué contra una papelera y me hice daño en el tobillo. Ese fue mi fin. Intentaba caminar apoyándome en la pared para no caer. Me dolía horriblemente pero el pánico que sentía hacía que tuviera fuerzas para continuar. Esos seres se iban acercando cada vez más. Por mucho que les disparasen rara vez caían. Seguían adelante como una plaga. La plaga que iba a acabar con todos, o al menos con muchos de nosotros.

Me encontré con un callejón, me detuve unos segundos antes de hacer el tramo sin ayuda, cuando uno de esas cosas salió de la nada y me mordió en el brazo. Dios como dolía. Era un dolor intenso, punzante.  Me aparte de él, no sin antes echarle un vistazo. Era un hombre joven, alto y delgado. Tenía un ojo apoyado en la mejilla y le faltaba un trozo de mandíbula. Tenía la piel cetrina y deprendía un nauseabundo olor. Parecía muerto. Estaba muerto. Pero se supone que los muertos no atacaban a los vivos. Hasta este momento.

Fui lo más rápido que pude al edificio que encontré abierto más cercano. Llamé a todas las puertas pero nadie me abría. Presas del pánico supongo. Yo hubiera hecho lo mismo. 

Encontré un apartamento que tenía la puerta entreabierta. Empujé y la cerré de un golpe. 

El piso, donde estás ahora, estaba desierto. Los antiguos inquilinos habían hecho las maletas y se habían marchado a toda prisa. Puse la televisión. En el noticiario utilizaron por primera vez la palabra zombie. Habían pasado solo unas horas desde que acusaban a los terroristas y ya decían que los muertos vivientes estaban acampaban a sus anchas por la ciudad. Decían que no debíamos salir de casa bajo ningún concepto, y que evitáramos cualquier encuentro con esas criaturas. Algo tarde para mí. Los gobiernos estaban evacuando a las personas, y las carreteras estaban colapsadas.  Cada media hora emitían un  mensaje diciendo a que lugares debíamos  ir para estar a salvo. Que el ejército cuidaría de nosotros allí, y que están controlando la situación. 

Mentira. Todo era mentira. 

Fui al baño y curé mi herida, tenía muy mala pinta. Se estaba infectando. Notaba como mi sangre se estaba corrompiendo. 

Hoy es el tercer día que estoy aquí, y mi herida está peor. Casi no puedo moverme. He estado escuchando las noticias hasta que hoy, muy temprano, muchos de los canales han dejado de emitir, y los que siguen sólo repiten una y otra vez un mensaje que dice  que debemos ir a un lugar seguro.  Estos días las noticias han ido variando un poco.  Ya sabemos que si uno de esos seres te muerde te transformas, así que ya sé que me va a pasar. Gracias a las redes sociales sabemos que no sólo ha pasado aquí, sino en casi todo el mundo. Cada minuto hay más infectados y el ejercito no pueden contenerlos. 

Esto está perdido, y yo estoy cerca de ser uno de ellos. He dejado esta nota en la entrada para que sepas que estaré esperándote. He cerrado una de las habitaciones, donde me voy a descansar hasta mi último aliento para evitar comerte. Espero haberlo conseguido, no se si estas cosas saben abrir puertas así que ten cuidado de que no salga por algún lugar y te ataque de sorpresa.

Si has llegado hasta aquí, decirte que tienes suerte de estar con vida. Sigue luchando, en la cocina aun hay comida, latas y conservas, que en circunstancias así te serán de mucha ayuda.

Gracias por leerme. Espero que con este breve diario de lo que fue los primeros días del fin del mundo  sepas más de lo ocurrido y conozcas otra versión de los hechos.

Estos fueron  mis últimos días de vida. Espero que tu consigas seguir adelante.

Sinceramente,

Anya

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