viernes, 17 de agosto de 2012

El Postre


-I-

No podía creérselo. Su padre iba a hacerlo. Sólo habían pasado tres años y su padre estaba con otra mujer. Su madre murió de un aneurisma cerebral mientras trabajaba, y los dos estaban destrozados por lo ocurrido. Pero su padre ya la había olvidado. Billy aun la recordaba a diario, le daba las buenas noches antes de dormir, y besaba la foto que tenía de ella en su cuarto. Recordaba su olor y su sonrisa. Tenía 9 años cuando la secretaria del colegio entró en su clase y le mandó ir al despacho del director. Cuando las palabras salieron de su boca él no dudo evitar derrumbarse y llorar.
Su padre quedó devastado, o al menos eso pensaba Billy. Estuvo varios días sin ir a trabajar, y podía oírlo llorar en su habitación por las noches. Pero ya tenía a otra.
No sabía nada de ella, sólo que llevaban ya dos meses saliendo y quería presentársela. Él no quería ni verla, y aunque su padre le había asegurado que aun amaba a su madre, Billy no le creía. ¿Cómo podía quererla si ya estaba con otra? Esa noche había preparado una gran cena para los tres. Ella vendría a las ocho y le iba a obligar a arreglarse.
Llamaron al timbre. Sería esa mujer. Esperó en su habitación a que su padre le llamara.

-II-

-Billy, baja, tenemos visita –dijo su padre con tono alegre.
Se levantó de su cama, le dio un beso a la foto de su madre y bajó lentamente las escaleras. La mujer estaba al lado de su padre, sonriente. Le había dicho su nombre, pero no quería ni recordarlo.
-Ah, ya estás aquí –le dijo y le dio unos golpecitos en la espalda- Ella es Amy –sonrío de nuevo.
-Oh que hijo más guapo que tienes –dijo Amy alegremente- así que tu eres Billy, me alegro de conocerte al fin, Ray me ha hablado mucho de ti.
Su padre le dio otro golpecito en la espalda para que hablara.
-Eeehh…si, lo mismo digo –movió los hombros y se separó de su padre.
-Bueno, ya podemos ir a cenar, espero que te guste Amy.
-Seguro que si, si la has hecho tu estará deliciosa –sonrió de nuevo, Billy veía algo siniestro en esa sonrisa tan amplia.
Se dirigieron al comedor, al pasar por el espejo de la entrada Billy no daba crédito a lo que le pareció ver. No podía ser. Era como si esa mujer no tuviera reflejo.

-III-

La mesa estaba decorada con la mejor vajilla que tenían. Las servilletas dentro de las copas bien dobladas. Un ambiente realmente agradable. Pero él no podía dejar de pensar en lo que había visto, o mejor dicho, no visto, en el espejo.
Se sentaron en la mesa, su padre presidiendo y ellos dos uno en frente del otro.
-Bonitos platos –dijo Amy.
-Gracias… -contestó Ray sin poder acabar la frase.
-Eran de mamá –dijo Billy cortantemente.
-Si lo eran….-su padre fue a la cocina- ahora traigo el primer plato.
Billy no podía apartar la vista de esa mujer. Tenía algo extraño. Esa sonrisa. El reflejo en el espejo. ¿Habría sido real? Ella le observaba. Con esos ojos grises sentía como si el hielo de esa mirada le atravesara. Todo estaba en silencio, hasta que llegó su padre.
-Espero que os guste, el primer plato es crema de marisco con gambas.
Puso los platos delante de ellos. Tenía muy buena pinta pero Billy no tenía mucha hambre.
-Vaya Ray, está realmente delicioso –Amy dio tres sorbos y dejó de comer.
-¿Por qué dices que está delicioso y no te lo acabas? –preguntó Ray extrañado.
-Ya sabes que como poco cielo –sonrío- además, hoy me reservó para el postre.
Enseño sus dientes y Billy vio algo inquietante. Sus colmillos eran afilados. Largos. No eran normales.
-Jejeje no te preocupes, tu come lo que quieras, y de postre, he hecho un pastel especial –su padre parecía gilipollas, pensaba Billy.
Siguieron cenando. O lo que parecía una eterna cena sin casi comer. Su padre había cocinado merluza a la naranja de segundo, y ni él ni Amy habían comido demasiado. Billy no tenía hambre, sentía algo extraño en esa mujer y quería descubrir que era.

-IV-

Una idea le rondaba por la cabeza, tenía que ir a su habitación un momento y ver si tenía razón.
-Papá, ¿puedo ir un momento al baño antes del postre? 
-Si si, pero rápido.
-Gracias –sonrío y se levantó corriendo.
Fue a su habitación y cogió su ordenador. Puso todas las cosas extrañas que vio esa noche: el espejo, los colmillos, la falta de apetito. Le salió una única respuesta: vampiro. Justo lo que estaba pensando.
Debía decírselo a su padre, si eso era cierto, estaban los dos en peligro. Bajó corriendo las escaleras para decírselo a su padre. No le creería en un principio, pero la pondría delante del espejo y lo podría comprobar.
-¡Papá, tengo algo que decirte! ¡Papá! –llamó Billy, pero su padre no estaba en el salón. No había nadie allí. El postre estaba sobre la mesa, recién cortado. Todo estaba desierto.

-V-

Miró en la cocina, en el salón, otra vez en el comedor. Nada. Escuchó algo en el piso de arriba. Una especie de golpes.
Subió lentamente las escaleras, intentando no hacer ruido. Agudizó el oído. Parecía que el ruido provenía de la habitación que antaño había sido de sus padres. ¿Se la habría llevado a la cama? ¿Con su hijo en la casa, en el baño, listo para el postre? No daba crédito, su padre no era así. La puerta de su habitación estaba entornada. La abrió lentamente. Ella estaba de espaldas, parecía que su padre estaba sentado en la cama.
La puerta chocó contra la pared dando un fuerte golpe. Amy giró la cabeza. Tenía la cara manchada de sangre. Sus ojos grises se habían vuelto blancos del todo. Sus colmillos afilados sobresalían de su boca. Sus manos, antes pequeñas y delicadas, parecían garras. Su padre cayó sobre la cama. Ya era tarde.
-Vaya, mi dulce ya a llegado… -dijo Amy sonriéndole. Se había girado del todo y se dirigía lentamente hacia él.
-No… ¡No te acerques a mí! –Billy gritó y salió corriendo de la habitación.
Ella le seguía rápidamente. Le interceptó delante de la escalera.
-Es inútil que huyas, soy más rápida y fuerte que tú, dudo mucho que puedes escapar de aquí así que….mejor lo haces por las buenas… -sus ojos le inquietaban, le asustaban más que nada. Unos ojos sin alma.
-No pienso rendirme ¡jamás! ¡Has matado a mi padre monstruo! –le espetó Billy entre sollozos.
-¡Ja! ¿y que piensas hacer al respecto? A parte de llorar como un bebé….
-¡Yo no lloro como un bebé puta! –esas palabras le salieron del corazón y cogieron a Amy por sorpresa.
Billy le dio un empujón y la tiró por las escaleras. Fue corriendo a su habitación y cerró la puerta con candado. De detrás empezaron a haber unas fuertes sacudidas. Amy intentaba abrir la puerta.
Miró la ventana, era su única salida. Se acercó a ella e intentó abrirla. Estaba encallada, así que cogió una lámpara y la rompió. De repente se hizo el silencio y notó una respiración gélida en su espalda. Se dio la vuelta. La cara de Amy estaba distorsionada. Le miraba con una gran sonrisa de satisfacción. No se había dado cuenda del dolor hasta que bajó la vista y comprobó que tenía sus garras atravesándole el estomago. Volvió a poner sus ojos en ella, que en ese momento reía histéricamente. Con un movimiento rápido puso su boca en el cuello de Billy.
-Y ahora… viene el postre… -hincó sus largos colmillos en su cuello.
Saboreó su dulce sangre adolescente hasta el momento de su muerte. 

Dedicado a Tatis por su cumpleaños ;)

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