domingo, 25 de noviembre de 2012

Venganza


Era tan sólo una niña cuando decidió que lo haría. Con su casa en llamas a su espalda. De la mano de una extraña.

Su alma era oscura como la noche. Las sombras era ya parte de ella. La venganza, lo único que la mantenía con vida.

Su madre, una humilde sirvienta, había sido la novia secreta de un apuesto príncipe. Estuvieron años juntos, sin que nadie en el reino se enterara, siendo ella su amada, o eso era lo que ella creía. Se veían a escondidas, ocultos por el manto de la noche. Pero con el tiempo, ella se quedó embarazada, y él la abandonó para seguir con su aburguesada vida. Iba a ser el futuro rey, no podía mancillar el nombre de su casa con errores de juventud. Ella se sorprendió, pensaba que su amor era real. Mentiras. El apuesto príncipe tenia más de una amante. Le gustaba entretenerse con las sirvientas, y ella no era diferente a las demás hasta ese momento. La repudió y la echó del castillo. Él se casó con una princesa, y tuvieron cinco hijos. Nada quiso saber de aquella joven a la que había roto el corazón. Ella, sin nada más que hacer, volvió con sus padres, unos humildes campesinos que tenían una casita en la aldea más cercana al castillo. La acogieron bien, aunque no volvió a ser la misma. Embarazada, triste y desesperanzada, no tenía ganas de vivir, pero se prometió que aguantaría hasta dar a la luz a su hijo. El bebé nació, sana y fuerte, una niña preciosa. De cabello oscuro y piel pálida. Ojos como esmeraldas, al igual que su padre. El único rasgo que compartía con él. Su madre mejoró gracias a la pequeña. La llamaron Alice.

Pasaron siete años y la pequeña Alice creció junto a sus abuelos y su madre sin conocer la verdadera historia de su nacimiento, hasta que algo horrible pasó.

Unos hombres encapuchados empezaron a visitar su aldea y a hacer preguntas extrañas. Si conocían a una joven que tuviera un niño de su edad. Algunos no quisieron hablar, otros con miedo, delataron a su madre.

-Te queremos pequeña, se fuerte. – dijo escuetamente su abuelo mientras la escondían en el sótano. Su abuela lloraba.

-Escóndete cariño, y no salgas por nada, da igual lo que escuches o lo que pase arriba. No hagas ruido, no te muevas. ¡Prométemelo! –la zarandeó.

Alice no entendía nada

-Te…lo prometo. –contestó mirando a su madre a los ojos

-Esa es mi niña. Mi tesoro. Lo que yo más adoro. Mamá siempre te querrá. – Cogió su rostro entre sus manos, sollozando- Todo irá bien.- cerró la trampilla.

Alguien llamó fuertemente a la puerta. Su familia se quedó parada, sabían que iban a entrar de todos modos. Con un gran estruendo rompieron la puerta. Cinco hombres con armaduras y espadas entraron pisando fuerte.

-¿Y el niño? –preguntó uno de los hombres

-¿Qué niño? Aquí no hay ningún niño.

-Nos manda su majestad. Debemos acabar con… un error. El rey no puede permitirse trapos sucios ahora que ha empezado su reinado. – el hombre dibujó una malévola sonrisa en sus labios.

Alice lo escuchaba todo, sin hacer ruido. Estaba muy asustada.

-No sabemos nada –dijo su madre desafiante- y si su majestad quiere acabar con alguna cosa que él considere error, que venga personalmente.

El hombre la miro enojado.

-Si no nos dicen donde está, tendrán que sufrir las consecuencias, y para ser sinceros, tienen las de perder…. –miró alrededor-  y si perdiera ese error, señora, puede que pudiera volver a empezar… una mujer tan bella como vos no le faltarán pretendientes –se acercó a su madre y le acarició y ella le escupió.

El hombre la cogió del cuello, sus abuelos intentaron ayudar, en vano.

-Guardias, ya sabéis lo que tenéis que hacer.

Se llevaron a su madre a una habitación. Los que habían cortado el paso a sus abuelos los degollaron y fueron con los demás. Alice podía oír los gritos desgarradores de su madre. Quiso salir, ayudarla, pero se detuvo, se lo había prometido. Se tapó los oídos y cerró los ojos, deseando que todo fuera una pesadilla, y que al despertar, todo fuera como antes.
Escuchó los pasos de los hombres marchándose. Se estaban riendo.

Alice salió de su escondite. Vio a sus abuelos muertos en el suelo.  Fue hacia la habitación donde se habían llevado a su madre. Estaba tendida en la cama, con el vestido subido por la cintura, Alice se lo bajó y abrazó el cuerpo sin vida de su madre. Empezó a llorar, sin apartarse de su lado, durante días.

-Ven conmigo –dijo un susurro en el viento- yo te ayudaré.

Alice levantó la vista. Una mujer joven, con una larga túnica negra le tendió la mano.

-No te preocupes mamá…yo haré que lo paguen.

Por una extraña razón confiaba en ella. Salieron de la casa en donde antaño habían sido felices. Se incendió de repente, y el fuego la consumió en pocos minutos. Alice sólo giró la cabeza una vez. En ese instante se dio cuenta de lo que tenía que hacer. Se adentraron en el bosque, y las sombras las envolvieron por completo.

Veinte años después, el rey estaba cenando sólo en el gran comedor del castillo. Había fornicado con una de sus sirvientas encima de la mesa, y ahora se deleitaba con unos exquisitos manjares preparados por sus cocineros personales.

Primero notó frio. Mucho frío. Miró a su alrededor, pero todos estaba cerrado. Siguió comiendo sin darle importancia. Las velas se fueron apagando, una a una. Dejó el tenedor en el plato y contempló como la luz se iba haciendo más tenue.

-¡¿Qué demo….?! ¡¡Guardias!!

Llamó a su guardia personal. Esos para él valientes hombres que acabaron con un error de juventud, pero no aparecieron.

Se levantó a toda prisa de la silla y se dirigió a la puerta.

-¡¿Es que no me oís inútiles?! –dijo abriéndola pero algo se lo impedía.

 Intentó abrirla pero sólo conseguía una pequeña separación. Miró por él. Lo que había fuera era un baño de sangre. Todos estaban muertos. Pero no sólo les habían asesinado, sino que les habían torturado. Miembros amputados, un par empalados, desollados…esos hombres había tenido una muerte horrible.

El rey gritó y cerró la puerta con fuerza. Fue hacia atrás y chocó contra la mesa.

-¿Es que no te gusta lo que ves, padre? –dijo una voz desde la oscuridad, sólo quedan cuatro velas encendidas.

-¿Pe...pero quién…? –giró y vio a una mujer joven, con una larga túnica negra.

-Oh, ¿no lo recuerdas? soy el error que debería haber desaparecido.

Se acercó, no quería dar más explicaciones, era su venganza y no iba a permitir que la palabrería la distrajera. Se abalanzó hacia él, como un fantasma, y lo tiró al suelo. Ella se incorporó y lo miró con desprecio.

-No…no sabia…

-¿Qué? ¿Qué tus hombres no cumplieron? ¿Qué asesinaron a mis abuelos? ¿Qué violaron y mataron a mi madre?

-Yo…lo…lo…

-Yo…yo… ¿que? –dijo Alice burlonamente -Oh, no me va a decir que lo sientes, o que no sabias nada, ¡si vos los enviasteis!

El rey intentó levantarse, pero fue en vano. Intentó hablar pero Alice, con un gesto de la mano le cosió la boca. La miró sorprendido.

-Te preguntarás como puedo hacer eso…. Bien, la venganza es algo muy peligroso y poderoso a la vez. Es capaz de hacer las cosas más inverosímiles, como transformar a una pequeña niña inocente en una bruja despiadada -sonrió maliciosamente.

Volvió a lanzarse al que era su padre. El asesino de su familia. El que la convirtió en un ser que vivía gracias a la venganza. Se puso encima de él. Lo miro y le arrancó los ojos. El rey intentó gritar pero no pudo. Ella rió y con un movimiento rápido, le arrancó el corazón.

Contempló como su vida se acababa, estaba disfrutando de esos momentos, había esperado demasiado para  eso. Cuando el rey murió, Alice se levantó y se fue alejando del cadáver. Dándole la espalda, el cuerpo se cubrió de llamas. Ella fue hacia las sombras. Volvía al que ahora era su hogar.

2 comentarios:

  1. Vaya con el Rey... lo que no me queda muy claro es a que mundo pertenece ahora la niña, solo que se va hacia las sombras, eso es inquietante jeje
    Quiero destacar una frase que me ha gustado y me parece muy buena:
    "la venganza es algo muy peligroso y poderoso a la vez. Es capaz de hacer las cosas más inverosímiles, como transformar a una pequeña niña inocente en una bruja despiadada".
    La venganza en ocasiones puede ser algo horrible, pero cuando es merecida te hace sentir poderosa por dentro.
    Me has vuelto a sorprender con el relato la verdad. Pero estos finales...me dejan con ganas de quere saber más! A la espera del siguiente...
    Enhorabuena Reina de las sombras!

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  2. Ella pertenece a las sombras, a la venganza, a la oscuridad, es algo metafórico, creo que quedaba bien xD

    Muchísimas gracias preciosa! me alegra mucho que te haya gustado :) Con lectores como tu, da gusto escribir! el próximo será seguramente de zombies ^^

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