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jueves, 22 de marzo de 2012

Una tarde en familia -II Parte-

-V-

Se escucharon unos sonidos extraños a lo lejos. Noah no pude evitar ponerse en alerta. ¿Qué habrá sido eso? Era como si alguien arrastrara algo. Después recordó a la pareja de enamorados y se tranquilizó. Serían ellos jugando, pasándolo bien en la intimidad de la tienda, o a por el ruido que había oído, en algún rincón del bosque.

Miró a Helena con ternura. Cuando ellos eran jóvenes también hacían esa clase de locuras, con los años iban haciendo menos, pero de vez en cuando la pasión les hacía rememorar viejos tiempos.

Marty estaba entretenido con un pequeño insecto que descansaba sobre una roca. A sus 12 años aún conservaba algo de curiosidad infantil. La pequeña Lily, dos años menor que él, contemplaba el rio con admiración.
-Es hermoso, ¿a que sí papá? –dijo sonriente.
-Si que lo es –la miró, se parecía muchísimo a su madre.
Helena estaba leyendo uno de esos libros de aventuras, eran los que más le gustaban.
Sabía que tenía suerte de poder disfrutar ese día de su familia. Tenía poco tiempo por culpa del trabajo y se prometió que atesoraría esos momentos para siempre. Se relajó, y sin dejar de vigilar de reojo a sus hijos, costumbre de todos los padres precavidos, se apoyó en un árbol a descansar.

-VI-

Había sido una excelente comida. El suculento manjar que acababa de devorar le saciaría durante un par de horas, pero el saber que tenia a su disposición más comida le hacía estar nervioso. ¿Y si se marchaban? Sólo tendía un cuerpo en su despensa particular,  y eso no le gustaba. Tendría que cazarlos pronto, ahora estaban relajados, pero demasiado juntos, tendrían que separarse un poco y entonces aprovecharía, como con la pareja, para acabar con ellos uno a uno.

-VII-

Marty miraba a ese pequeño insecto. No lo había visto antes, en la ciudad no había demasiados, y todo el tema de bichos le encantaba. Sobretodo porque con ellos podía asustar a su hermana. Le intentó tocar y el insecto, una especie de escarabajo, se asusto y empezó a alejarse. Marty le fue siguiendo, a ver si así le llevaba con más como él y podía coger algunos para enseñárselos (o más bien, tirárselos por encima) a Lily.
Se fue alejando de la zona del rio. No quería asustar más al insecto, ya que sino no le llevaría con los suyos y su plan no funcionaria. Fue lentamente detrás de él, sin darse cuenta que cada vez estaba entrando más en las profundidades del bosque.

‘Chas’, el crujir de una rama sonó a sus espaldas. Marty se sobresaltó
-¿Papá? ¿Mamá?
Miro en rededor y pudo comprobar que había deja muy atrás a su familia. Se asustó, no le gustaba esa sensación de no saber donde está. Empezó a caminar cada vez más rápido, intentando volver sobre sus pasos, pero sin éxito.

Escuchó un sonido seco a su izquierda, se giró y lo último que vio fue algo borroso que le golpeaba en la cabeza con algo parecido a un palo. Perdió el conocimiento.

-VIII-

Helena se sobresaltó. No sabía que pasaba pero su corazón le decía que algo no iba bien. Miró a su familia. Faltaba su hijo mayor.
-Noah, Lily ¿habéis visto a Marty? ¿Dónde esta? –dijo preocupada
-Tranquila, está aquí mis…. – Noah se quedó a medias, hace unos minutos estaba allí, embobado con un bicho, y a hora ¿Dónde se había metido?
-Hay que ir a buscarlo ¿y si se a perdido en el bosque? ¿Y si…?
-No pasa nada mamá – dijo Lily intentando tranquilizar a su madre, no le gustaba verla así- estará bien, ya sabes como le gustan esas cosas asquerosas….los bichos…estará buscando alguno…
Helena la miró, su hija había sabido exactamente que decirle para tranquilizarla.
-Tienes razón pequeña, estará bien –sonrió.
-Bueno… -dijo Noah- voy a ir a buscarle, seguro que no se ha ido muy lejos, sabe que le castigaremos si lo hace. Tú quédate con Lily, por si Marty vuelve.
-Está bien.
Noah fue en busca de su hijo, sin percatarse si quiera de que un ser le acechaba entre las sombras.

-IX-

La trampa había sido demasiado fácil Los humanos solían ser curiosos, y eso había sido una suerte. –uno de los más jóvenes se había separado del grupo y él aprovecho la ocasión. Lo había aturdido y lo llevo a su cueva. –lo ató con una cuerda hecha de pelo humano y lo dejó tirado en el suelo. Luego lo degollaría y después lo cortaría en pedazos, como había hecho con el chico, para guardarlo mejor. La más pequeña sería un plato exquisito. Aunque su última presa no se quedaba atrás.
Después de asegurarse de que no podría escapar, se fue a por los demás. Aun no había decidido cual seria su cena, pero de lo que estaba seguro es que sería una gran semana.

-X-

Noah se adentró en el bosque. Supuso que su hijo no estaría muy lejos, pero le preocupaba el pensar que se había hecho daño o se habría perdido en el bosque. Si fuera así, tendría que llamar a los guardabosques, y podrían tardar horas en encontrarle.
Siguió recto, esperanzado de que lo encontraría en cualquier momento. Escuchó unos ruidos más adelante. Podría ser su hijo o algún animal, pero debía averiguarlo. Siguió caminando hasta llegar a un claro del bosque. Había tierra removida en el suelo, pero ni rastro de su hijo. Continuó un poco más. El lugar, a pesar de ser medio día, parecía más oscuro. Los arboles eran más grandes y tapaban la luz del sol. Era hora de llamar a los guardabosques, pensó, si de vuelta a la zona de picnic no lo había encontrado, tendría que hacerlo.
Notó un dolor intenso en la espalda. La tocó y al mirarse la mano la tenía llena de sangre. Se giró y vio algo muy grande, una especie de mono con grandes garras que le golpeó en toda la cabeza. Cayó al suelo, un poco aturdido, y empezó a reptar hacia atrás. El ser monstruoso se cogió por la pierna y se la arrancó. Sintió como sus músculos, huesos y tendones se rompían en mil pedazos. El dolor era insoportable. Intentó alejarse lo más rápido que podía, que dadas las circunstancias era bastante lentamente. El ser clavó sus garras en su pecho, lo tenía atrapado y le mordió en la cara. El mordisco le desgarro la nariz, la boca y un ojo. Se desmayó del dolor. Era lo mejor que le pudo pasar, ya que cuando le empezó a devorar estaba aún con vida.

Continuará...

domingo, 18 de marzo de 2012

Una tarde en familia

-I-

‘Hace un buen día para un picnic al aire libre’, pensó Helena mientras su marido conducía hacia la zona de bancos de madera que había en las afueras. Antes había sido un parque de atracciones, una de las iniciativas del anterior gobierno de la ciudad, pero había resultado un desastre. Un fallo en uno de los mecanismos de una de las atracciones hizo que la maquinaria cayera y una persona muriera. Lo cerraron a los pocos días, y al año, lo derribaron e hicieron  la zona de picnic y camping más grande de la ciudad. Era la primera vez que llevaban a los niños a esa zona y estaban entusiasmados.
Cuando llegaron se sorprendieron de que no hubiera gente, un día tranquilo para estar con la familia. Había una feria de artesanía en el centro, así que seguramente todo el mundo estaría allí. Una pareja apareció de la zona boscosa y saludó con la mano. Se metieron rápidamente en una tienda de campaña que habían instalado en la zona de camping y no volvieron a saber de ellos.  Helena y su familia se dirigieron a la zona de picnic y se sentaron en la mesa más cercana al rio.
Su marido, Noah sacó las bebidas mientras ella y los pequeños, Lily y Marty, sacaban los bocadillos y algo para picar.  Helena sintió algo extraño de repente, notaba como si alguien los observara, ¿la pareja de enamorados quizá? No puede ser, ya que se habían metido en la tienda y seguramente no saldrían hasta desfogarse un poco.
-¿Qué te pasa cariño? –le preguntó Noah, siempre notaba cuando Helena se sentía incomoda. Tantos años juntos hacían que pudieran casi leerse el pensamiento.
-Nada cielo –contestó, seguramente serían imaginaciones suyas.

-II-

Los observaba. Se relamía los labios. Se había acercado al escuchar el sonido. No había muchas personas que fueran a esa zona, a pesar de que estuviera preparada para ellas, y ver que después de tanto tiempo podría probar de nuevo la carne fresca le excitaba. Desde que cerraron el lugar de las luces y los ruidos no la había probado, y los animales del bosque no saciaban su apetito. Cuando ese lugar estaba en pie, había disfrutado de alguna que otra buena pieza. Las más jóvenes eran las que más le gustaban, ya que eran las más tiernas. Esperaría, esperaría el momento adecuado y las cazaría.  Sabía que a pesar del tiempo transcurrido no había perdido sus facultades, y estaba deseando ponerlas de nuevo en práctica. 6 presas, unas en un grupo de 4 y las otras, de 2. ¿Por cual empezaría? El grupo pequeño parecía una buena opción, pero sabía que al final las cazaría a todas, las almacenaría y así podría aguantar hasta que otro grupo de presas incautas se acercaran a sus dominios.

-III-

Estaban dentro de la tienda de campaña. Les gustaba ir allí ya que no iba casi nadie, y normalmente estaban solos. Pero hoy una familia había ido a la zona. Les habían saludado y se habían metido en la tienda. Les gustaba ir al rio y bañarse desnudos, y dejarse llevar por la imaginación, pero tendrían que conformarse con estar allí dentro y pasarlo bien en ese pequeño espacio.  Estaban besándose y habían empezado a quitarse la ropa. Él le acariciaba lentamente los pechos mientras ella se estremecía de placer. De repente algo tocó su pierna y ella se paró.
-¿Qué a sido eso? –dijo apartando su larga melena castaña y poniéndosela detrás de la oreja, miró a ambos lados.
-¿El que dulzura?  -dijo él besándole el cuello.
-He notado algo, algo que me tocaba la pierna
-Nena, habré sido yo sin querer – estaba demasiado excitado como para pensar en paranoias de su novia.
-Que no, que te he dicho que he notado algo… -se apartó y se puso la camiseta
-Venga ya, no seas cría joder, que seguramente te he rozado con algo.
Ella le miró resentida.
-Que no, que he notado algo, y tu tenias las manos ocupadas en otras partes – se señaló los pechos – y las piernas dobladas, a no ser que seas contorsionista, no me has podido dar….
Él la miró, en eso tenía razón, miró alrededor de la tienda.
-Saldré un momento a ver que a podido ser y vengo, puede que un insecto se haya colado dentro, tu comprueba eso, ¿vale?
-Gracias –ella sonrió.

-IV-

El olor a carne era muy fuerte en esa especie de refugio. Los humanos cuando se excitaban emitían más olor y calor, y eso le hizo acercarse a indagar. Rozó la pierna de la hembra, pero antes de poder arrastrarla, ella se dio cuenta y le sobresaltó. Se escondió detrás de unos arbustos cercanos y vio como el macho salió y fue a su izquierda. Le siguió y en cuanto dio media vuelta para volver al refugio de tela se abalanzó sobre él y le arrancó de un manotazo la cabeza. El pobre infeliz ni se dio cuenta. Esperó un poco. La hembra salió a esperarle. Inspeccionó un poco la zona, y cuando se acercaba a donde se encontraba la tiró al suelo y la abrió en canal. Sus tripas se desparramaron por todo el suelo y tintó la tierra de rojo. Ella emitió un débil gemido antes de morir. Ella seria su cena. Y él, iría directamente a su cueva.

....Continuará...