lunes, 22 de abril de 2013

La Decisión


La vida de Kevin pendía de un hilo. Estaba tirado en el suelo, en medio de la carretera, esperando a que llegara la ambulancia. Había tenido un accidente de coche, chocando de frente con otro que había invadido su carril. El choque hizo que saliera despedido por la ventana y acabara en medio del duro asfalto. El otro conductor estaba casi ileso salvo por una brecha en la cabeza de la que no dejaba de emanar sangre. Otros coches se habían detenido y estaban intentando atender al otro conductor, mientras a él le miraban con pena. Al menos habían llamado a una ambulancia. Y mientras allí estaba Kevin, con todo el cuerpo desgarrado y desengranándose, esperando.

-Creo que él se viene conmigo –escuchó una voz a su izquierda, él no podía moverse.

-Que va, ¿tú has visto sus antecedentes? Este tío se merece algo de caña, vendrá conmigo –dijo otra voz, algo más aguda, a su izquierda.

Kevin no sabía que estaba ocurriendo ¿Quiénes eran esas dos personas? ¿Y donde querían llevarle? Le dolía todo el cuerpo, y sólo quería que llegara la ambulancia y le pusieran morfina.

-No tiene antecedentes, y ha hecho buenas acciones, ¿recuerdas el perro que rescató? Se lo quedó y todo. –volvió a decir la voz a su izquierda.

-Vamos, vamos Gabriel, no te engañes, ¿y la puta con la que se fue, en ese bar de carretera? Estaba casado, ¿recuerdas?

Kevin estaba asustado, era un ángel y un demonio, y estaban decidiendo su destino. El cielo o el infierno, el paraíso o la condenación eterna. Él nunca había creído en estas cosas pero ahora, al borde de la muerte, comprobó que todo era verdad.

-Si lo recuerdo Abalám, pero también que se lo dijo a su mujer y ésta la perdonó.

-Bueno, bueno, también ha utilizado el nombre de Dios en vano mil veces, eso os debe de enfadar, ¿no? O al menos eso dice la Biblia que han creado los humanos.

-No mandamos a nadie al infierno por semejante tontería, y tu bien lo sabes, no intentes liarme –dijo  la voz que pertenecía a Gabriel.

-Jajaja yo nunca intentaría  liarte viejo amigo – rió la voz que pertenecía a Abalám- sólo hago mi trabajo y lo sabes.

-Bien –dijo Gabriel- él se viene conmigo entonces. No es un asesino, ni un violador, ni maltratador, no ha hecho nada imperdonable para no dejarlo disfrutar del reino de los cielos.

-En fin, se ver cuando es una causa perdida – contestó Abalám y Kevin notó algo frío en su oreja derecha- has tenido suerte chaval…bueno, a parte del pequeño detalle de que vas a morir. – Hizo una risa burlona- Gabriel, nos vemos pronto.

-Adiós Abalám.

Kevin estaba muy asustado. El dolor iba cesando, se sentía cada vez mejor, la muerte estaba cerca.

-No tengas miedo Kevin –dijo Gabriel con voz dulce- te vienes conmigo. No habrá más dolor, ni enfermedad, sólo paz.

De pronto, Kevin ya no sintió nada, sólo una especie de calma que le invadía todo el cuerpo. Sentía como si volara y cerró los ojos.

-Bienvenido pequeño –dijo una voz de mujer. Una voz que no escuchaba desde hace muchos años.
Kevin abrió los ojos. Sus abuelos y su tía, que había muerto de cáncer hace unos años, estaban delante de él.

-Nana… abuelo… tía Dalia- empezó a llorar.

Se abrazaron, todos llorando, pero no estaban tristes, eran lágrimas de alegría. Estaban de nuevo juntos, y allí esperarían a los que faltan para darles la bienvenida.

2 comentarios:

  1. Es diferente a tus otros relatos, no por ello peor por supuesto !, tienes que escribir cosas de muchos estilos, seguro que se te daría igual de bien ~~

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  2. Gracias guapa!! debo reconocer que me siento más cómoda escribiendo terror o fantasía, pero a veces va bien tocar otros temas :)

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