viernes, 10 de mayo de 2013

Porcelana


Emma nunca supo porque le atrajo esa parada de antigüedades en medio del mercado. Era demasiado pequeña para entender que algo la llamaba. Tiró de su madre para ver las cosas que allí había. «Todas son viejas y sucias», pensó en un principio. Había libros polvorientos, marcos con fotos de gente de otro tiempo, juguetes de madera y varios objetos de decoración ajados, nada de lo que a Emma le gustaba. Un chico joven en bici chocó contra la parada y tiró unos frascos que antaño habían contenido algún líquido que ahora, al chocar contra el suelo, dejó escapar una fragancia a rosas.

—¡Lo siento! —dijo el chico deteniéndose.

—¿Qué lo siente? ¡Estos frascos son de los años 20! —le espetó el dependiente poniendo el grito en el cielo—. ¡Le toca pagarlo!

El chico, a regañadientes, sacó su cartera, y empezó con el dependiente un regateo que acabó sin contentar a ninguno de los dos.

Emma les observaba  curiosa, le resultaba divertido ver como los dos hombres intentaban ponerse de acuerdo. Volvió a mirar los objetos de la parada y esta vez algo captó pronto su atención. Como una polilla hacia una luz cegadora, se plantó delante de una vieja muñeca.

—Wooo mamá mira, es preciosa —dijo acercándosela.

La muñeca era antigua, de blanca porcelana. Llevaba un vestido azul apolillado, le faltaba el ojo izquierdo y partes de su pelo rubio pajizo. Tenía una expresión seria, amenazadora. A diferencia de la mayoría de muñecas, ésta no sonreía.

—¿Lo dices en serio Emma? —dijo su madre cogiendo la muñeca y mirándola detenidamente—. Está rota y sucia…  —Su madre dejó la muñeca sobre el mostrador y cogió un tren de madera—. Mira, esto es más bonito. —Se lo acercó.

—No me gustan los trenes —contestó Emma apartando el tren que le ofrecía su madre—. Pero la muñeca se puede arreglar ¿verdad mamá?  —Miró a su madre esperanzada—. Ooooh vamos mamá, la quiero. —Dibujó su mejor sonrisa y volvió a coger la muñeca.

—Ya veo, ya… —Su madre entornó los ojos y se dirigió al dueño de la parada—. Perdone, ¿Cuánto cuesta la muñeca?

—¿La muñeca? Veamos... se la dejo por 10 euros, está regalada señora. —Sonrió enseñando su dentadura desdentada.

Marie, la madre de Emma, miró a su hija.

—Está bien, nos la quedamos. —Le entregó el dinero al hombre.

—¡¡Ooooh  gracias mamá!! —Emma abrazó a su madre y le quitó la muñeca de las manos.

Su madre sonrió. Dieron un paseo por el mercado, su madre miraba las paradas de velas y decoración; después, una con llamativos vestidos veraniegos mientras que Emma no podía apartar los ojos de su muñeca. Estuvieron unos minutos más y al volver a la parada donde habían comprado la muñeca, decidieron marcharse a casa. Emma no dejaba de sonreír, le encantaba su nueva adquisición. Pronto se convertiría en su nueva mejor amiga.
-II-

Volvieron a casa cansadas. Marie miró a su hija, tenía una radiante sonrisa mientras abrazaba a la andrajosa muñeca. «En fin, al menos está contenta». En cuanto llegó su marido Emma le enseñó la muñeca nada más entrar por la puerta.

—¿Otra más? Si tienes muchas, además es un poco… —Marie le miró con advertencia—. Está algo rota, pero es muy… bonita. —Su marido le sonrió y ella asintió con la cabeza.

—Pero eso no importa, mamá me ha dicho que se puede arreglar —contestó su hija con decisión y se fue a su cuarto a jugar.

Pasó todo el día allí, sólo salió para cenar y después volvió de nuevo a su habitación. Marie pasó delante de su puerta, y escuchaba a su hija hablar con la muñeca, aunque no era nada nuevo. Pero se quedó helada al escuchar una especie de susurro, una voz gélida y aguda, que no parecía la de su hija. Abrió la puerta corriendo y vio a Emma con la muñeca en el suelo.

—Cielo, ¿quién está contigo? —Miró hacia los lados.

—Nadie mamá, sólo estamos Caroline y yo —Emma le sonrió y alzó su muñeca.

—¿Caroline? ¿Es el nombre que le has puesto? —Su madre le devolvió la sonrisa.

—No, me lo ha dicho ella —Miró a su muñeca y la abrazó.

Un escalofrío le recorrió la espalda a Marie. «No seas estúpida, los niños siempre se inventan cosas mientras juegan… No es nada», pensó y suspiró.

—Bueno… vete a dormir que es tarde ¿de acuerdo? Buenas noches Emma.

—¡Voy! —Emma fue a la cama con su muñeca, se tapó con las sábanas y dijo con voz suave—. Buenas noches mamá.

Marie cerró la puerta. En aquel momento no le dio importancia a la voz que había escuchado. Ni al nombre de la muñeca. Pero esa noche tuvo pesadillas. Pesadillas sobre muñecas que hablan y dicen cosas horribles.

-III-

Emma se quedó dormida abrazada a Caroline. Y desde aquella primera noche escuchaba susurros en la oscuridad. Una voz aguda que le decía cosas, que le envenenaba la mente. Se despertó con una extraña sensación. Debía hacer algo, pero aún no lo comprendía muy bien.

Cada día que pasaba Emma estaba más apegada a Caroline. Pasaron semanas, meses, y cada vez estaba más ausente. Su madre le dijo de arreglar su muñeca. Se negó; le gustaba tal y como era. Comprarle cosas nuevas.  No las quería; su vestido azul era lo único que necesitaba. 

Emma ya no quería jugar con sus otros juguetes, sólo con Caroline, ella era su amiga y no quería dejara ni un segundo. No veía la televisión a pesar de la insistencia de su madre. Se encerraba en su habitación y pasaban el día hablando y riendo. Caroline le contaba cosas de otra época, pero en cuanto oía ruidos se callaba. Una vez, Emma le preguntó por qué lo hacía, y Caroline le respondió que los adultos no lo entenderían. Emma tampoco, pero le sonrió y la abrazo.

Una noche mientras dormía, su madre entró para quitarle la muñeca. A pesar de que no le hubiera dicho nada, lo sabía en su interior. Notó como se acercó sigilosamente a su cama y apartó su brazo de Caroline. Abrió los ojos al instante.

—¿Qué haces mamá? ¿Acaso quieres separarnos?

Vio miedo en la cara de su madre y ésta se marchó lentamente. Emma abrazó a Caroline con fuerza.

—No te preocupes, nunca nos separarán.

Se quedó de nuevo dormida y volvió a soñar con su muñeca. Le decía cosas, le mostraba de lo que podía ser capaz.
-IV-

Pasó un día desde que Marie había entrado a quitarle la muñeca a su hija pero la pareció una eternidad. Daba vueltas en la cama sin poder dormir. Nunca olvidará la cara de su hija, el odio que rezumaban sus ojos inocentes; ni esa maldita muñeca. En cuanto Emma había abierto los ojos, la muñeca giró su cabeza y la miró con rostro amenazador.

Intentó dormir para no molestar a su marido. Tuvo de nuevo la misma pesadilla. Una voz aguda le decía cosas horribles. Decía que debía morir. Desde el día que habían traído esa maldita muñeca nada fue como antes.

Se despertó a mitad de la noche, con temor por lo que había visto el día anterior. La muñeca de su hija observándola. No podía apartar ese ojo azul de su mente. Esa expresión de odio. Era como si la muñeca estuviera viva. Cerró los ojos de nuevo, tenía que intentar dormir, y debía pensar en una forma de separar a Emma de Caroline. Su marido no le ayudaría, ya que pensaba que estaba paranoica desde el primer momento que le había contado lo ocurrido en la habitación de Emma. Estaba pensando como apartarlas cuando escuchó abrirse la puerta del dormitorio. Levantó la cabeza de la cama. Su marido ni se inmutó. Vio una silueta en la puerta, era Emma.

—¿Cielo? ¿Qué no puedes dormir? Ven a la cama con nosotros. —Se apartó un poco para dejarle hueco y apartó las sábanas.

La niña empezó a caminar hacia la cama, tenía las manos detrás de la espalda. Marie se incorporó un poco y encendió una lámpara de noche y Emma fue al lado de la cama donde se encontraba su madre. Parecía más pálida, tenía ojeras bajo sus ojos y una expresión terrorífica.

—Emma ¿estás bien? ¿Pero qué…? —Marie la miraba sorprendida.

Emma se inclinó sobre su madre y se acercó a su oído.

—Caroline dice que nos quieres separar… y no lo podemos permitir —dijo susurrante.

No lo vio venir. Emma apartó sus brazos de su espalda y mostró lo que escondía en sus manos. Dos enormes cuchillos relucían ante la luz que entraba tenuemente por la ventana. Le clavó uno de ellos en la garganta y el otro fue directo a su ojo izquierdo, el que le faltaba a Caroline.

Marie intentó gritar pero sólo conseguía que la sangre de su cuello fluyera con más fuerza. Su marido se despertó y Marie vio como cogía a Emma y la separaba de ella. Emma no opuso resistencia y empezó a reír con histeria.

—¡¡No nos separaréis nunca!! ¡¡Nunca!! ¡¡Nunca!! ¡¡Nunca!!  —dijo cantando.

Marie miró hacia su hija con su último aliento Apoyada en la puerta de su habitación estaba la muñeca. La maldita muñeca. Le sonría con satisfacción mientras Marie se desangraba ante su siniestro ojo azul.




5 comentarios:

  1. Genial el relato !! estamos deseando leer el siguiente que escribas ;) sigue así !!

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    1. Muchísimas gracias!!! me alegra mucho que os guste, intentaré escribir más a menudo está vez ;)

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  2. La imagen al final quedó muy apropiada, jeje. Me gusta el argumento, aunque me parece que aplicando ciertos recursos narrativos podrías mejorar mucho la obra. No voy a hablar de eso en este post ya que implica hacer una crítica, y eso no es algo que le guste a todo el mundo. Pero si te interesa discutir y analizar un poco la forma en que está contado el relato, con mucho gusto podría compartir mis sugerencias por aquí o en mensaje privado.
    De todas formas lo he disfrutado y espero también leer tus próximos relatos, así que gracias por compartirlo. :)

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    1. Hola!! muchísimas gracias, me alegra que te haya gustado el relato, y claro que me gustaría discutir y analizar el relato, tengo mucho que aprender y mejorar si quiero llegar a publicar, mándame un mensaje a : rainravenclaw@gmail.com y lo hablamos por allí ^^

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    2. Excelente, ya te mandé un mensaje al correo electrónico. Saludos.

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