jueves, 14 de noviembre de 2013

Reflejos

« ¿Dónde está la jodida foto? » Annabeth la buscaba desesperada por todas partes. Se apartó un mechón de pelo castaño y lo añadió al rudimentario moño alto enmarañado.

— ¡¡Joder joder joder!! ¡¡Se que estás por aquí!! — dijo para si misma.

Llevaba tiempo encerrada sola en su piso desordenado. Estaba escribiendo una historia para su periódico sobre una chica que había desaparecido y que fue encontrada muerta a los pocos días. Tenía medio reportaje ya redactado, sólo le faltaba añadir dónde y cómo la encontraron, y poner la dichosa foto.

Annabeth tenía sus enormes ojos verdes desorbitados. Hacía ya días que no comía ni dormía, y debía entregar el reportaje de la chica muerta antes de que James, su rival en el periódico y un lameculos de primera, le quitara la exclusiva.

« Debe de estar por aquí, la dejé por aquí… ». Rebuscó y rebuscó entre las hojas que había en la mesa del salón, por el suelo, por todos los lugares donde había algo de papel. Miró encima del teléfono, en la entrada de su casa y vio la luz parpadeante del contestador. Tenía 12 mensajes, y no recordaba haber oído los timbrazos estridentes del teléfono. El primer estaba fechado hacía ya dos meses. Annabeth no se había dado cuenta de lo enfrascada que estaba con su reportaje hasta aquél momento.

Le dio al botón para escuchar algunos.

— Piiiip…. Beth, soy Olivia, habíamos quedado a tomar un café y no has aparecido, llámame que ya te vale, adiós….

— Piiiip… Cariño, soy mamá, recuerda que este domingo vienes a comer a casa, que no se te olvide como la última vez, besos, adiós… adiós…

— Piiiip… Annabeth, soy Tom, no sabemos nada de ti desde hace días en la redacción, se que estás ocupada por el reportaje pero deberías pasarte, James lo está terminando y deberías venir y presentar lo que tengas o te robará la exclusiva, así que mañana te quiero aquí a las 7, adiós…

— Piiip…. — Annabeth estaba harta de escuchar mensajes y ese último, el de Tom, su jefe, la hizo reaccionar.

Miró el reloj, eran las 8 de la tarde y aun le daba tiempo de ir a hablar con él. Fue al baño a arreglarse un poco, no podía ir con esas pintas andrajosas. Se puso frente al espejo para arreglarse el pelo a toda prisa, cuando su reflejo le hizo gritar de terror.

Era ella, o al menos se parecía a ella, pero era como estar viendo un cadáver. Tenía los ojos hundidos y con grandes ojeras alrededor, le faltaba mechones de pelo y la piel se le pegaba en los huesos.

— ¿Pero… Pero que es esto? ¿Qué me ha pasado? — dijo aterrada.

Pasó sus manos por su cabellera y el pelo se le quedaba pegado entre los dedos….pero eso sólo ocurría en su reflejo. La imagen del espejo la miró y sonrió con compasión.

— Aun no te has dado cuenta, ¿verdad?

— Pero…yo… — sus ojos se llenaron de lagrimas, no entendía nada.

Su doble demacrada desapareció y sólo se veía el baño, como si no hubiera nadie en la habitación. Annabeth salió del cuarto sollozando y confusa. Se dejó caer al lado del teléfono, al lado de la puerta de entrada. Allí había un periódico descolorido, lo cogió entre sus manos y miró la portada, era de su periódico pero….no podía ser…Annabeth se llevó una mano a sus finos labios mientras leía la noticia.

«…Duelo en la redacción.

La periodista Annabeth Mathews fue encontrada muerta cerca de un descampado cercano a su domicilio después de estar dos semanas desaparecida…. »


No pudo seguir. Se quedó sentada en el suelo, con el periódico a su lado y la mirada perdida, inmersa en sus pensamientos. La noticia que tanto le ofuscaba, la que no la dejaba dormir ni comer era la de su propia muerte. Aunque claro, ya no lo necesitaba. Había estado tan obsesionada con su trabajo, con su estúpida rivalidad con James, que había olvidado todo lo demás y no se había dado cuenta de que hacía ya tiempo que estaba muerta.


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