miércoles, 19 de marzo de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 21


Joe Dempsie es Matt Nolan
Joe Dempsie es Matt Nolan
Matt Nolan estaba preocupado. El ataque a la comisaría le había dejado perplejo y el no saber quién lo había hecho no le dejaba dormir. Ya habían pasado tres días desde que un grupo de desconocidos entrara en su territorio y matara a los chicos que custodiaban sus armas.
No lo sentía por ellos, ni siquiera le importaba demasiado tener menos armamento, pero el que alguien se hubiera atrevido a hacer algo así no le gustaba nada.
La habitación que Matt usaba, la suite principal, estaba en penumbra. No había encendido las luces y la luz del atardecer se filtraba por el gran ventanal. Matt miró al horizonte con sus ojos azules y dejó que lo último rayos de sol le acariciaran su rostro. Suspiró, intentando tranquilizarse un poco y poder así pensar en cómo descubriría quienes eran los salvajes que se habían atrevido a desafiarle.
La puerta se abrió de repente y Katty apareció manchada de sangre.
—Ahora no estoy de humor —dijo Matt sin mirarla—. Es mejor que te vayas.
—Vaya, cada vez estás más borde —la vio contonearse hacia el mini bar y coger una botella de whisky— Estás perdiendo los modales, ni siquiera te has dado cuenta de que tengo una manchita aquí —Señaló uno de sus senos y sacó la lengua.
—¿Qué quieres, Katty? —Matt se levantó y se aproximó a ella.
—Quiero que te relajes un poco, cariño —cogió dos vasos y los llenó—. Ten, te irá bien.
Matt aceptó el whisky y lo bebió con avidez.
—Dudo que esto me haga olvidar lo de la comisaría —Fue hacia el sillón que tenía al lado del ventanal.
Katty fue al baño y salió con una toalla blanca en las manos. En unos segundos se manchó con la sangre de algún desconocido con el que la chica se había divertido aquella tarde.
—Lo se —dijo dejando la toalla en el suelo y cogiendo el otro vaso—. Pero al menos hará que olvides un poco el problema.
—No lo creo —Matt clavó sus ojos en ella. Odiaba la forma en que todo le daba igual, y odiaba que siempre dejara sus cosas tiradas por su habitación—. Luego si no te importa, recoge eso —añadió con tono brusco.
—Joder, Matt, ya lo se —Katty la cogió, fue al baño y volvió—. ¿Contento?
—Sí —dejó el vaso y miró de nuevo por la ventana.
—Esto es deprimente —Katty se sentó en el borde de la cama más cercano a Matt—. Deja de pensar en ellos, ya les cogeremos y se lo haremos pagar.
Matt la miró y apretó los dientes.
—El problema, como ya sabrás, es que no sabemos quienes fueron —la voz de Matt era pausada.
—Lo se, pero seguro que han dejado alguna pista, alguna prueba de quienes fueron. Envía a algunos de tus hombres a investigar. No a los gilipollas que usas como escolta, me refiero a los listos —Se tocó la sien con los dedos—. Seguro que ellos encuentran algo.
Matt pensó en las palabras de Katty. Lo había pensado antes, pero no sabía a quien enviar allí. Si Sarah estuviera aun con él, la enviaría a ella sin dudar, su hermana era una de las personas más inteligentes que había conocido. Pero le traicionó y se marchó para no volver. Y aun así, Matt la echaba de menos.
Suspiró y acabó su vaso de whisky. Después de meditarlo unos segundo, hablo.
—Bien, iré yo junto con un grupo reducido y algunos escoltas. Tú te quedarás aquí, y estarás al mando junto a Big J.
—Pero yo quiero ir contigo, no quiero quedarme aquí, y menos con ese imbécil —contestó como si fuera una niña pequeña.
—Harás lo que yo te diga. No estoy para tonterías, y lo digo en serio —sentenció.
Katty calló en el acto, apuró su whisky, se limpió los labios con la mano y salió de la habitación dando un fuerte portazo.
Matt se levantó y fue hacia la puerta donde se encontraba Billy de guardia.
—Llama a Ed, Diane y Zip. Diles que vengas ahora.
Billy se marchó y se encerró de nuevo en su habitación a la espera de que llegaran los chicos a los que había hecho llamar. Los más inteligentes de sus secuaces.
***
Dianna Agron es Maggie
Dianna Agron es Maggie
Maggie salió del bar de Andrew y se encendió un cigarrillo. Se sentó en el suelo, apoyada en la pared de ladrillo marrón donde se encontraba ese lugar. Dio una larga calada y dejó que el humo inundara sus pulmones. Sabía que era malo, nocivo. Había escuchado a su madre que provocaba cáncer y que si fumabas, morirías pronto. Pero en un mundo donde al cumplir los dieciocho morías, eso ya no importaba.
—¿Me das uno? —la voz la sobresaltó. Se trataba de Bob.
—Claro —Maggie sacó otro cigarrillo y se lo dio.
—Gracias —dijo Bob mientras Maggie le daba el encendedor—. Lo necesitaba.
—Y yo, y más con esos allí dentro.
—No creo que se queden mucho tiempo, aunque Sasha parece divertirse asustando a Tommy —Bob se sentó junto a ella.
—Es una mala puta. Ladra mucho, pero ahora nos necesita, así que no morderá —Maggie suspiró—. Pero cuando todo esto acabe, dudo que tengan piedad con nosotros.
—Lo se —contestó Bob—, pero les necesitamos. Al menos por ahora.
Maggie miró a Bob. Era un chico de su edad, de cabello castaño y ojos claros, atractivo. Notó como él se daba cuenta y apartaba la mirada.
—¿Por qué haces esto? —preguntó de repente. Maggie le miró—. Quiero decir, Sarah es la hermana de Matt, y tiene una deuda pendiente con él. Jack lo hace por su novia y su hijo, y Tommy… bueno, ya hemos visto que ellos dos son inseparables. Dean jamás dejaría hacerlo sola a su novia, y Andrew, él lo hace por Daisy. ¿Y tú? ¿Por qué?
Maggie miró al suelo.
—Por justicia —Le miró—. ¿Y que hay de ti? ¿Cuál es tu secreto? —dio la última calada a su cigarrillo y lo tiró.
—Por una buena amiga.
—Pensé que lo hacías por tus niños perdidos —dijo Maggie poniendo sus manos en sus rodillas.
—También, pero Matt tiene como prisionera a una buena amiga, y debo rescatarla. Se lo debo.
—Vaya, quien me iba a decir que el chico callado y solitario era todo un caballero andante —Maggie sonrió y vio como Bob le devolvía la sonrisa.
—No en ese sentido. Ella —hizo una pequeña pausa—, la conozco desde hace mucho tiempo, cuidamos de los niños abandonados y les damos un hogar. Es cómo una hermana para mi.
—Bueno, sea cual sea el motivo, es muy galante por tu parte. Cómo sacado de uno de los cuentos que mi padre me leía de niña —Maggie recordó a su padre con tristeza—. Pensé que ya no quedan chicos así —añadió, intentando recomponerse.
—Bueno, no todos son villanos como Matt, aun queda algún caballero de brillante armadura dispuesto a rescatar a una princesa.
Maggie rió ante esas palabras, y Bob hizo lo mismo.
—Bueno, lo que está claro es que yo no soy una princesa en apuros. Prefiero a las guerreras.
Bob se acercó un poco a ella.
—Hasta las guerreras necesitan un caballero, ya sea para que les acompañe en su aventura.
Le cogió de la barbilla y la besó. Maggie no sabía que hacer, pero no puso resistencia. No había besado a nadie y su primer beso había sido intenso, dulce y repentino. Sintió una presión en el estómago que no había notado nunca antes.
Maggie siempre había sido la extraña, la chica del pelo de colores que ocultaba quien era con su estilo, y al fin alguien se había fijado en ella. Maggie recordó rápidamente la vez que vio a Bob por primera vez; le había parecido un chico atractivo, interesante, pero jamás hubiera pensado que él la viera también de aquella forma.
Puso su mano sobre la de Bob y le devolvió el beso. Cuando terminaron, Maggie comprobó que Bob se había sonrojado.
—Yo… lo siento, no debí… —dijo nervioso.
—No hay nada que sentir.
Maggie se acercó a él y se besaron de nuevo.
... Capítulo 22 ...

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