miércoles, 7 de mayo de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 28



Taissa Farmiga es Sarah Nolan
Taissa Farmiga es Sarah Nolan
Sarah iba escoltada por Big T hasta las habitaciones de su hermano. El recorrido se hizo en silencio. Recordaba el último beso que le había dado a Dean y deseaba que no fuera el último. Sabía que su hermano era cruel, pero dudaba que se atreviera a tocarla.
Llegaron a la puerta y Big T llamó nervioso.
—Que pase —la voz de su hermano sonó grave desde el interior de la habitación.
Al entrar, Sarah vio una silla en medio de la estancia. A su alrededor, unas cadenas manchadas de sangre descansaban sobre la moqueta beig, «Ahí es donde ha golpeado a Jack», pensó Sarah.
Matt se encontraba apoyado en su butaca favorita con un vaso de lo que parecía whisky en la mano, las cuales estaban desgarradas. Parecía nervioso y sudoroso, e intentó disimularlo con fría cortesía. «Es lo que le diferencia de Scott y Ryan. Ellos me hubieran abofeteado nada más entrar, Matt intenta mantener la calma antes de atacar.»
—Siéntate —dijo escuetamente. Sarah se sentó frente a su hermano—. Y ahora explícame qué coño hacías con esa escoria —La miró con sus fríos ojos azules.
—Esa escoria, como dices, es mi familia —contestó Sarah desafiante.
—Tu familia soy yo —Se recostó en el asiento—. Esos sólo quieren manipularte para utilizarte en mi contra, ¿es que acaso no lo ves?
—No, estás muy equivocado —Sarah sonrió al ver la expresión de desconcierto de su hermano—. Yo fui quien les reunió para poder acabar contigo, hermanito.
—¡¿Pero qué dices?! ¡Eso no es verdad! —Tiró su vaso y el cristal se rompió en mil pedazos contra la pared—. Tú nunca harías algo así, eres mi hermana. Sangre de mi sangre. Mi familia.
—Era tu hermana hasta que te convertiste en el ser cruel que eres ahora —Sarah tenía los ojos llenos de lágrimas—. Antes eras un buen chico, hasta que Ryan y Scott se hicieron los dueños de la ciudad. Tú quisiste seguir sus pasos, y te transformaste en un monstruo peor que ellos dos juntos.
—¡Lo único que hago es protegerte! ¡Protegernos! ¿Es qué no lo entiendes? —Matt se levantó y se acercó a Sarah—. Estos chicos de la calle nos matarían a la primera oportunidad si nuestros hermanos no se hubieran hecho respetar.
—¿Respeto? ¿Eso crees que te tiene la gente? —Sarah le miró con incredulidad.
—Sí. Respeto. Obedecen mis leyes porque saben que si no serán castigados. Y gracias a eso consigo que ésta mierda de mundo funcione.
—¿En serio te crees eso? La gente te tiene miedo —Sarah se levantó de la silla—. Miedo a que les tortures y les mates. Miedo de tu gente. De Katty.
Matt empezó a reír y a aplaudir.
—Bravo, hermanita, al fin has entendido cómo funciona éste mundo. Para impartir respeto, antes tienes que hacer que te teman.
—¿Violando? ¿Torturando? ¿Asesinado? ¿Así haces que la gente te respete? —Sarah estaba horrorizada. Sabía que su hermano era un déspota cruel, pero nunca llegó a sospechar hasta que punto podía ser tan retorcido.
—Mis hombres necesitan divertirse. Si quiero que hagan lo que les pido, les tengo que dar algo a cambio.
—Eres un monstruo… —dijo Sara.
—Jamás te haría daño, aunque tú me lo hayas hecho a mí —Se sirvió otro vaso de whisky—. Pero no puedo garantizar la seguridad de tu querida nueva familia.
Matt se alejó de ella y abrió la puerta.
—Llévatela de nuevo a las celdas.

***

Melissa tomaba una taza de té caliente para intentar relajarse un poco. Jack y Tommy se habían unido a la batalla contra Matt y ella estaba allí
Emma Watson es Melissa
Emma Watson es Melissa
esperando, «Debería estar con ellos y no aquí, escondiéndome», pensó mirando las paredes amarillas del salón del apartamento de Tommy.
Merlyn también estaba con ella, preparando algo para cenar. Habían decidido estar juntas durante la espera para hacerse compañía, y la verdad es que se alegraba de su decisión.
—Melissa, la cena está lista —la voz de Merlyn sonaba suave, confortable.
—Voy —Dejó la taza de té y caminó hasta la cocina.
Se sentó en la mesa y Merlyn puso ante ella un plato de judías con lacón y una lata de cola.
—Pero… ¿cómo has conseguido esto? —preguntó asombrada.
—Lo tenía en casa. Una lata de judías y otra de lacón, menos mal que han aguantado —Sonrió—. Estos años me he alimentado de lo que encontraba por las calles, y guardé algunas cosas por si las cosas se ponían realmente malas. Y creo que ésta situación la merece —Se sentón frente a ella.
—Sí, yo también lo creo —Melissa le devolvió la sonrisa.
La cena fue agradable. Hablaron de tiempos mejores y se deleitaron con la mezcla de los dos sabores. Melissa no recordaba la última vez que había probado algo tan deliciosa.
Cuanto terminaron, Merlyn sacó unos melocotones en almíbar que devoraron con gusto.
—Muchas gracias por la cena —dijo Melissa y abrazó a Merlyn.
—No-no se han de dar —contestó Merlyn.
—Prepararé té —Melissa se levantó y empezó a calentar agua.
—Cómo se nota que eres inglesa —comentó Merlyn divertida.
—Y orgullosa de serlo —Melissa sonrió mientras llevaba las dos tazas a la mesa.
—¿Crees que les irá bien? —preguntó Merlyn.
—Eso espero —Suspiró—. Como Jack no vuelva, yo… No se qué haría sin él —Se acarició el vientre instintivamente.
—Irá bien. Tommy y Jack volverán, y seréis felices al fin —Merlyn cogió las manos de Melissa entre las suyas con cariño—. Os lo merecéis después de todo lo que habéis pasado.
—No, Merlyn, nos lo merecemos. Tú también serás feliz.
La puerta se abrió de repente y un grupo de chicos entrar con violencia en la casa.
—¡Escóndete! —gritó Merlyn poniéndose delante de Melissa.
Pero no dio tiempo. Los chicos entraron y las cogieron a las dos. Ataron sus manos a la espalda con una cuerda y les hicieron arrodillar.
—Vaya, ¿qué tenemos aquí? —dijo un chico flaco de cabello rubio sucio con voz chillona—. ¿Pero cuántos años tienes tú? ¿Cien?
El resto de los chicos se rieron. Melissa intentaba en vano soltarse.
—Será mejor que estés quieta, putita, o será peor —dijo el mismo chico sin mirarla— Bien, a Matt le gustará nuestro pequeño descubrimiento, si señor. Y nos recompensará bien —Sonrió dejando a la vista una hilera de dientes torcidos—. Vamos.
Los chicos las sacaron a rastras del apartamento de Tommy hacia un lugar que Melissa temía más que nada: la guarida de Matt Nolan.
... Capítulo 29 ...

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