martes, 17 de junio de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 33


Dane DeHaan es Bob
Dane DeHaan es Bob
Bob conducía el camión a toda velocidad por las calles de la ciudad. Maggie estaba a su lado, sujetándose en el asiento, nerviosa. Bob podía escuchar rezar a Lilith y como el resto hablaban sobre a donde tenía que ir.
—¿A dónde vamos? Matt intentará darnos caza, hay que encontrar un lugar seguro —dijo Jack. Bob seguía mirando la carretera.
—¿A la biblioteca? Tiene muros fuertes y… —empezó a decir Melissa.
—Esa es una muy mala idea —cortó Sarah—, mi hermano seguro que sabe que pasas mucho tiempo en ese lugar. Debemos ir a un sitio apartado, escondido.
Bob dio un volantazo que sobresaltó al resto del grupo. Les escuchó maldecir.
—¿Pero qué coño haces? —Jack se acercó a él por detrás.
—Tenemos que ir a por Andrew —dijo escuetamente Bob, «Seguro que van a por él, saben que siempre estábamos en ese maldito tugurio.»
—¿A buscar a Andrew? ¿Qué pinta él en todo esto? —preguntó Jack.
—Pues que si no vamos a por él, Matt lo hará. Le hemos puesto una soga al cuello haciendo las reuniones en su bar, no podemos dejar que le maten por ello —contestó Bob con firmeza, «Ya vamos, amigo. Sólo espero no llegar tarde.»
Andrew, el chico que aún llevaba el bar que sus padres abrieron muchos años antes de la lluvia, les había ayudado desde el principio. Estaba harto de Matt, y el asesinato de Daisy, una joven prostituta que Andrew conocía y a la que consideraba su amiga, fue el detonante que necesitaba para dejar que el grupo se reuniera en su almacén.
Bob vio como Jack asentía con la cabeza y volvía a la parte de atrás del vehículo con el resto.
—Eres una buena persona, Bob —dijo Maggie y le cogió del brazo.
Bob notó un nudo en el estómago y sonrió. Se sentía bien a su lado, y estaba empezado a amarla.
Lilith subió el tono de sus plegarias, y Bob suspiró.
—¿Puedes mirar en la guantera a ver qué cd’s hay? —preguntó. Estaba harto de escuchar a Lilith hablar de impíos y pecadores.
Maggie asintió y rebuscó.
—¿Qué te parece Queen? —Sacó un cd con un escudo con leones de portada.
—Perfecto —dijo Bob y Maggie puso el cd no demasiado alto.
Bob recordó que a su padre le gustaba ese grupo y no pudo contener una sonrisa de nostalgia.
—¿Estás bien? —Maggie le miró detenidamente.
—Sí, sí. Sólo recuerdo —dijo sin apartar la vista del asfalto.
Llegaron al bar de Andrew, estaba cerrado. Apartaron en la puerta y Bob bajó del camión.
—Te acompañamos —Jack se acercó a él acompañado Sarah y Dean.
Entraron por la puerta trasera del bar y encontraron el almacén hecho un desastre.
—Joder —dijo Bob y empezó a buscar a Andrew.
—¿Crees que aún sigue aquí? —preguntó Dean inquieto
—Eso espero —contestó Bob—, si lo han cogido, es culpa nuestra.
Los cuatro empezaron a mirar por todo el bar. Salieron a la parte de la barra y las mesas; todo estaba destrozado. Siguieron buscando entre los escombros del lugar. Bob se acercó a los baños y abrió las dos puertas del inodoro. En el baño de chicas estaba Andrew con la cara amoratada.
—Joder, ¿estás bien? —Le ayudó a levantarse—. ¡Eh, chicos! ¡Está aquí! —Le miró—. Tranquilo, vienes con nosotros.
Andrew sonrió levemente.
—Vinieron hace ya unas horas, o al menos eso creo —Le costaba hablar—, preguntaban por Melissa; querían saber donde estaba. No les dije nada. En un momento de despiste, me atrincheré aquí. Dijeron que volverían y me matarían. Pensé que erais ellos, me he llevado un susto de muerte —Intentó reír y tosió.
—Tranquilo, larguémonos de aquí —dijo Jack y le cogió por los hombros—. Y gracias por no delatar a Melissa.
—No las des —contestó Andrew y se dejó llevar por los dos chicos—. Hay armas en el almacén, una de las baldosas está suelta. Creo que no la encontraron.
Sarah y Dean asintieron y fueron a cogerlas mientras Bob y Andrew cargaban con él.
Lo llevaron a la parte de atrás del camión y le tumbaron al suelo con sumo cuidado. Melissa y Merlyn le ayudaron a ponerse cómodo.
—Esto nos va a venir genial —dijo Sarah cargando con varias pistolas. Dean estaba a su lado con más armas.
—Y ahora ¿a dónde vamos? —preguntó Tommy con el rostro sombrío. Bob le miró, aún no se había recuperado de la paliza que le habían dado. Sarah y Dean dejaron el arsenal en el camión.
—Te-tengo una idea —dijo Merlyn con un hilo de voz. Tragó saliva—. Podríamos ir a la base militar donde empezó todo. La cura de la que os hablé puede que aún siga allí.
Todos se quedaron en silencio unos segundos. «La cura —pensó Bob—, podríamos vivir muchos años. Todo podría volver a la normalidad.»
—Bien, pues indícame donde es —dijo Bob con seguridad.
***
Miley Cyrus es Katty
Miley Cyrus es Katty
Katty quería sangre. Matt le había enviado a dar caza ficticia a los fugitivos, y no iba a dejar escapar la oportunidad. Sam  fue hacia la zona de fábricas, por si la adulta había escondido la cura en ese lugar, pero Katty decidió ir hacia el lado contrario, los suburbios de la ciudad. Sabía que aquellos chicos iban por esa zona a menudo, y pensó que para ellos sería un buen lugar para descansar ya que lo conocía bien.
Iba armada con sus dos pistolas favoritas, y tenía a un grupo de seis personas que la acompañaba.
—Bien, como sabéis Matt quiere que les sigamos y poder así quitarles la cura. Así que hay que ser sigilosos, y hasta que yo no lo diga, nadie debe mover un dedo. Si no, le pegaré un tiro en la cabeza —dijo vacilando a los chicos que la acompañaban. Ellos se mantuvieron en silencio—. Si sois buenos, se os recompensará —Todos se miraron y sonrieron—. Bien, vamos a por ellos. Si hay algunas bajas, no importa, pero la adulta debe vivir.
Fueron por las calles en dos coches. Katty iba en su moto, despacio, para no perderse nada. Pasaron por donde los jóvenes consumían la droga que ellos mismos cocinaban y comercializaban en la ciudad. Varias chicas de quince años vendían sus cuerpos al mejor postor para poder comprar algo de comida para ese mismo día. Los supervivientes de la lluvia vivían al límite, sin saber si al día siguiente seguirían vivos o morirían de una puñalada en un callejón oscuro; aunque no les importaba, ya que desde aquél fatídico día todos tenía fecha de caducidad.
Katty vio movimiento delante de un antro de mala muerte y empezó a reducir la velocidad. Hizo un gesto con la mano para que los dos vehículos se detuvieran. A lo lejos se podía ver un camión y un grupo de chicos hablando fuera. Sonrió, satisfecha, y se acercó hacia sus chicos.
—Parece que hemos dado en el blanco —dijo y se mordió el labio—. Bien, quiero una bonita lluvia de plomo. No demasiada, sólo hay que asustarles, así irán a por la cura más rápidamente y podremos cargárnoslos pronto, tengo ganas de verles las entrañas a esos hijos de puta —Quitó el seguro a una de sus pistolas—. Y recordad, quien toque a la adulta está muerto.
Caminaron con paso decisivo hacia los fugados. Katty distinguió a Sarah, la hermana de Matt y se detuvo en seco.
—Tampoco hace falta que diga que a Sarah no se toca, ¿no?
Los chicos asintieron y emprendieron la marcha con las armas en alto.
—¡Quietos, o os meto un tiro! —gritó Katty ladeando la cadera. «Esto puede ser muy divertido —pensó—, espero poder llevarme a alguno por delante.»
Vio como cogían algo de la parte de atrás del camión e intentaban subirse. Katty hizo un gesto con la mano y tanto ella como sus chicos empezaron a acercarse sin dejar de apuntar. Katty observaba la situación, «Unos cuantos disparos ahora, que se marchen y a seguirlos. Esto es pan comido.»
Pero no lo vio venir. El chico que iba a su derecha, un joven moreno de ojos verdes cayó al suelo fulminado por un disparo.
—¡Ahora! —gritó Katty y todos empezaron a disparar.
Matt les había ordenado que les dejaran marchar, sólo debían asustarles y hacer que se fueran a por la cura lo antes posible; pero ellos dispararon primero, y no podía reprocharle que matara a alguno de ellos. «Cabrones, me haré unas botas con vuestra piel.»
Hubo varios disparos. Parecía que ninguna de las dos partes quería malgastar munición. A una chica de su grupo la hirieron en el brazo, pero no dejó de disparar. Se pusieron tras el camión; vio a un chico rubizo y a una chica de pelo rosa subir a la parte delantera, «Ese será el conductor. Bien, dejemos que se marchen.» Asintió con la cabeza y cada vez hubo menos disparos. Katty vio a aquél chico asustadizo de la celda, que sujetaba un arma con manos temblorosas. También estaba la hermana de Matt con su novio, la adulta, un chico con la cara amoratada que disparaba semi inclinado y la parejita feliz.
Sonrió al ver el grupo de fugitivos; eran de risa, y cada vez tenía más ganas de acabar con ellos, «Tenéis suerte de que Matt quiera a alguno de vosotros vivo —pensó—. Pero no a todos.»
En medio del fuego cruzado, Katty levantó sus armas y disparó directamente hacia el chico que estaba en el suelo, «Ese cabrón es un inútil, sólo les retrasaría.» Le vio caer y sintió una bala cerca; era el chico tímido. Katty rió y disparó hacia él. Las puertas del camión se cerraron en aquel instante y empezaron a alejarse. Estaba segura de que le había dado, aunque desconocía si su disparo fue mortal. «Ojala hubiera podido ver tu dulce cadáver lleno de sangre.»
Katty esperó a que el vehículo se alejara un poco con las dos pistolas en las manos, les dio un beso a cada una y sonrió.
—Bien, chicos, a los coches. Hoy seremos cazadores.
... Capítulo 34 ...

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