miércoles, 11 de junio de 2014

Vampiros en la noche, Capítulo 2


Charles Dance es Aldur
Charles Dance es Aldur
Aldur contemplaba la oscura noche desde la butaca roja del salón. El gran ventanal permitía una vista perfecta de toda la ciudad, y las gruesas cortinas ocultaban la luz del sol durante el día.
Sus ojos grises habían visto miles de cambios a lo largo de las diferentes ciudades del mundo, y siempre le fascinaba descubrir cosas nuevas a su alrededor.
Dio un largo sorbo de una copa de acero con incrustaciones de esmeralda y dejó que el sabor de la sangre le bajara por la garganta. Era buena, pura. Raquel, su amante más joven, la había conseguido de una novicia aún virgen y se la había entregado como regalo de aniversario.
Francesca, su otra amante y la que llevaba más tiempo con él, le había obsequiado con un colgante de una gota de su sangre cristalizada. Un recuerdo de que sería suya para siempre.
Consultó el dorado reloj de sobremesa del siglo XVIII que adornaba la chimenea. Eran ya las tres de la madrugada y ni su hijo Dante ni Satine habían vuelto a casa. Suspiró pensando en que él también debería estar fuera de caza y no encerrado en aquél enorme caserón.
Raquel entró contoneándose en el saló con su larga cabellera castaña oscura cayendo como una cascada por la espalda
—Aldur, ¿vienes a la cama con nosotras? Te echamos de menos —dijo con una sonrisa maliciosa en los labios.
Aldur miró directamente a los penetrantes ojos azules de Raquel.
—Iré cuando me apetezca. Ahora quiero estar solo —contestó con severidad y removió con un dedo la sangre de la copa.
—Como quieras —dijo tímidamente Raquel y se marchó con sigilo.
Le hubiera gustado ir con ellas a la cama, pero el deseo de salir de caza era más fuerte y cada vez le costaba más contenerse. Había dicho a los suyos que harían turnos para salir, por si algo iba mal poder así guardarse las espaldas gracias a uno de los grandes inventos del último siglo: el teléfono móvil. Pero esa noche le tocaba a Dante y Satine disfrutar de los manjares que la ciudad les proporcionaba.
Miró de nuevo con resignación por la ventana; la luna llena le hipnotizaba. Bebió de la copa dorada pensando en que la noche siguiente sería él quién llenaría las calles de sangre y muerte.
***
Sasha estaba cada vez más nervioso. Era muy tarde y su hermana pequeña Maxime no cogía el teléfono. «Vamos, vamos, contesta.» Volvió a
Benedict Cumberbatch es Sasha
Benedict Cumberbatch es Sasha
llamarla por quinta vez y seguía sin contestar. Soltó una maldición y dio vueltas por el pequeño salón. Se rascó la cabeza, inquieto, y echó hacia atrás un mechón de pelo castaño.
Su apartamento estaba en pleno centro de Londres, y era sencillo y acogedor. El salón contaba con un sofá azul de tres plazas y un buen televisor. Tenía dos habitaciones, su dormitorio y un despacho con el ordenador y libros de historia.
Se sentó en el sofá y pensó unos segundos; seguro que había salido a tomar unas copas, y siempre iba con Cynthia, su mejor amiga.
Buscó en la agenda del teléfono el número de la joven, la llamó y esperó que fuera más sensata y lo cogiera.
—¿Diga? —dijo una voz aguda con timidez.
«¡Premio!»
—Cynthia, soy Sasha, ¿está Maxime contigo? —preguntó directamente.
—Emmm estaba —hizo una pausa—. La estoy buscando, creo que algo la asustó dentro de la discoteca y ha salido corriendo.
—¡¿Qué algo la asustó?! ¡¿Está bien?! —Sasha estaba cada vez más preocupado.
—Sí, sí, cálmate, Sasha —contestó Cynthia con nerviosismo.
«¿Cómo me voy a calmar si tú no lo estás?», pensó Sasha negando con la cabeza.
—Cynthia, ¿dónde estás? —dijo intentando sonar tranquilo.
—En la puerta de la discoteca Ministry of Sound, en Gaund Street.
—Ya sé donde es, voy para allá y la buscamos entre los dos.
—Está bien, Sasha.
Colgó el teléfono, cogió una chaqueta de cuero negro y salió a toda prisa de su apartamento.
Tardó menos de veinte minutos en llegar al lugar. Vio a Cynthia mirando hacia los lados.
—Hola, Cynthia, ¿hacia dónde ha ido? —dijo escuetamente; no tenía tiempo para tonterías.
—Hola, Sasha —Cynthia intentó disimular una sonrisa, parecía que su presencia la ponía algo nerviosa. Sasha levantó una ceja, «Después de diez años y sigue pareciendo una niña inocente.» Aunque sólo lo parecía, ya que Sasha advirtió que se había convertido en una mujer muy atractiva—. Se ha ido por allí —Señaló a la izquierda.
—Bien, vamos —La miró a los ojos—. ¿Viste algo raro en la discoteca?
—Que va —Cynthia se mordió el labio—. Bueno, a Maxime le gustó un chico y fue a hablar con él, dejándome completamente sola —Remarcó esa última palabra—. Después volvió asustada y diciendo que ese tío era un monstruo, supongo que el muy cabrón intentó sobrepasarse con ella.
—Tenemos que encontrarla; y como ese tío le haya hecho algo a mi hermana, lo pagará muy caro —sentenció Sasha lleno de ira.
Cynthia asintió con la cabeza y los dos fueron en busca de Maxime.
... Capítulo 3 ...

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