miércoles, 24 de septiembre de 2014

Vampiros en la noche, Capítulo 11


Chace Crawford es Jack Blake
Chace Crawford es Jack Blake
Jack se sentía frustrado. Había perseguido a varios vampiros en busca de información sobre la familia Blair sin éxito.
«Como siga así, les voy a perder la vista —pensó—. Debo indagar más, no pueden haber desaparecido de la faz de la tierra.»
Y estaba Maxime. La chica vivía en su apartamento desde hacía ya un tiempo, y se sentía cada vez más atraído por ella. Pero sabía que debía centrarse en acabar con los Blair y poder así vengar a su difunto padre. Había aceptado la misión y tenía que cumplirla hasta el final, aunque ello conlleve perderlo todo.
Suspiró y se recostó en el sofá del salón de su piso de Londres. Miró la hora, Maxime aún tardaría un largo rato en volver a casa. «Esta noche saldré de caza. Puede que tenga más suerte.»
El ruido de la puerta al abrirse le sobresaltó y Maxime entró con su maletín del trabajo.
—Hola, Jack —saludó con una sonrisa en los labios.
—Hola —Jack la miró extrañado—. ¿Qué haces aquí tan pronto?
—Cynthia y yo hemos salido antes del trabajo —Dejó el maletín sobre la mesa del salón y se dirigió hacia la habitación—. Vamos a comprar un regalo para mi hermano Sasha —dijo con la puerta abierta. Jack se giró y pudo comprobar que podía entreverla cambiándose de ropa.
Se giró, avergonzado.
—¿Quieres que os acompañe? —preguntó sonrojándose.
—No hace falta, tendremos cuidado, iremos por zonas transitadas o al centro comercial, además… —Volvió al salón con un vestido informal rojo y unas botas negras—, aún es de día.
—Tienes razón —Jack sonrió—. Pasadlo bien, entonces.
—Nos vemos esta noche —Maxime se acercó y le besó en la mejilla—. Prepararé algo delicioso para cenar.
Se marchó contoneándose. «Podría aprovechar e ir a una de las casas donde se atrincheran por el día. Serán vulnerables, es perfecto.»
Jack preparó las estacas y el agua bendita, las metió en una bolsa de deporte oscura y salió del piso con paso decisivo.
Pensó en la casa de la familia Nichols, muy afines a los Blair. Vivían en las afueras de la ciudad. Jack sacó un informe con todo lo necesario sobre ellos. Se trataba de cuatro vampiros, Markus y Kim, los patriarcas y John y la joven Lucy, los herederos del imperio.
Jack fue hasta su domicilio y analizó el lugar; era una gran casa del siglo XVIII de piedra gris con ventanales cubiertos de terciopelo negro. Estaba rodeada por una gran verja de hierro que les protegía contra intrusos. También tenían dos guardas de seguridad apostados ante las puertas tanto de la verja como de entrada a la casa.
Jack buscó un punto débil, algo alejado de ojos indiscretos y trepó por los barrotes con facilidad. El jardín que separaba a la casa estaba muy cuidado y poseía una belleza natural digna de una postal.
Caminó por la espesa hierba con sigilo hasta una ventana cercana. Miró a los lados y cuando comprobó que no había peligro, sacó de su bolsa un cuchillo con filo de diamante y cortó el cristal como si fuera mantequilla.
Entró en el gran caserón. Allí, el ambiente era sofocante. Cogió una linterna y la encendió para poder orientarse. A pesar de que aún había luz en el exterior, el interior parecía una cueva.
Jack avanzó por el salón, el lugar estaba decorado con objetos antiguos y grandes retratos, «Cómo les gusta a los vampiros todo lo viejo —Cogió una pequeña talla de una mujer de mármol y la volvió a dejar en su sitio—. Sólo sirven para acumular polvo.»
Se dirigió directamente al sótano de la casa, el lugar donde seguramente guardarían los ataúdes. Habían algunos vampiros que preferían dormir en las habitaciones e incluso en camas, como los humanos, pero las familias con linaje eran más conservadoras y les gustaba preservar las viejas costumbres.
Bajó por las escaleras que le llevarían a su destino. Al llegar al último escalón sonrió con aire triunfante al comprobar que no se equivocaba. «Premio.»
La estancia estaba totalmente a oscuras y sólo habían cuatro ataúdes en medio y varios candelabros adornados con velas a los laterales.
Jack abrió el primer ataúd; un chico joven muy pálido dormía plácidamente. «John Nichols.» Puso con sumo cuidado un rosario bendecido sobre su cuerpo y el vampiro se despertó.
—Como grites, te mato —susurró Jack y John dejó que le rodeara el cuerpo con ello. Al llegar a la carne, un humo blanco llenaba el lugar.
Hizo lo mismo con los tres siguientes. Ninguno opuso resistencia. Sabían que eran vulnerables y que el cazavampiros que los retenía podría acabar con ellos con rapidez.
—Buenas tardes, familia Nichols —dijo Jack paseándose entre los ataúdes—. No hace faltan que se levanten. Es más, mejor no se levanten. Si no, se clavarán los rosarios, y están bien bendecidos, y morirán —Suspiró—. Bien, sólo quiero saber una cosa. Dónde se encuentran los Blair.
—Nosotros no… —empezó a decir el hombre, Markus.
—Creo que no me he explicado bien —Se acercó al vampiro y le miró amenazante—. No quiero mentiras. Sólo una cosa, saber el paradero de los Blair.
Escuchó a la joven Lucy lloriquear nerviosa, y a la madre, Kim, consolar a su hija.
—No te preocupes, cielo —decía Kim.
—Todo irá bien si consigo lo que quiero, si no, puede que me enfade un poco —Jack se acercó a las dos mujeres—. Y bien, sigo esperando la respuesta.
—No les hagas daño, por favor —dijo con voz entrecortada John.
—Eso depende de vosotros —sentenció Jack.
—E-está bien —dijo al fin Markus—. Sólo sé rumores, habladurías. Ni siquiera se despidieron de nosotros. Pero Paul Hill dijo algo sobre Italia. Puede que él sepa donde están.
Jack meditó unos momentos. «Puede que mienta, o que diga la verdad —pensó—. Iré a ver a ese tal Paul y averiguaré lo que quiero saber.»
—No confío en los vampiros, creo que debería haberlo dicho antes, pero en este caso, haré una pequeña excepción —Se acercó a las escaleras—. Bien, familia Nichols, iré a ver a vuestro amigo, y si mentís, volveré a haceros una pequeña visita. Aunque no será tan cordial como esta —Empezó a subir los peldaños de espaldas—.  Y de nada servirá que se muden, os encontraré.
—¡Espera! ¡No nos puedes dejar así! —dijo John con voz aguda.
Sophie Turner es Lucy Nichols
Sophie Turner es Lucy Nichols
—Puedo y lo haré. Seguro que vuestros guardias os echarán de menos y bajarán a ver como estáis. Serán lo encargados de quitaros vuestras ataduras —Vio que Markus intentaba zafarse de ellas emitiendo gemidos de dolor sin éxito—. Yo de ti, no haría eso. Están bendecidos por el Vaticano —dijo sonriente y se marchó del lugar.
Salió por el mismo sitio que había entrado sin ser visto y volvió al apartamento. «Debo mirar mis notas sobre los vampiros. Ese tal Paul Hill, me suena mucho su nombre.»
Llegó a su hogar; Maxime aún no había llegado. Buscó entre los informes que había realizado tras años de seguir a diferentes vampiros con su padre. Hill, Paul, era un vampiro de poca monta a los que muchos usaban para conseguir sangre fresca o algún favor difícil de realizar. «Esta noche iré a por ti. Y como no me digas lo que quiero sabes, conocerás lo que es la ira del infierno.»

... Capítulo 12 por Elena Saavedra, próximamente ...

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