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miércoles, 26 de marzo de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 22 por Elizabeth Thor



Samira Wiley es Sasha Cohen
Los hermanos Cohen salieron del pequeño bar acompañados por sus chicos, dentro de unas horas el infierno comenzaría a arder y el dolor comenzaría a tener un nombre. Sasha se tapó el rostro con la capucha de su sudadera y le dio la mano a su hermano. No era extraño ya que todo el mundo conocía el cariño que se tenían ellos dos, pero no conocían lo que escondían realmente los hermanos.

-No estaré tranquila hasta que lleguemos a nuestra zona Carl, todo apesta a Matt…

-¿Tu crees que me siento seguro por estas odiosas calles, Sasha? -Dijo Carl.

Sasha miró a los ojos a su hermano y agachó su rostro mirando al suelo, no entendía por que tendía que esconder aquello, ella sabía que estaba bien o eso era lo que le dictaba su corazón. Pero lo que pensaran los demás era tan doloroso para ellos. Ya no había normas, ya no había nadie que les enseñara a quien amar, que les digiera que sus actos estaban mal. Ya no estaban sus hermanos ni sus padres para castigar sus sentimientos, nadie le importaba el amor que sentían y a nadie le importaría el sabor que tenían sus besos.

Al llegar a su barrio, Carl cerró la puerta de su habitación con llave, los dos hermanos se besaron con fuerza ya que estaban deseando hacerlo desde el primer minuto de esa mañana, Sasha le quitó la camisa a Carl y comenzó a besar su pecho hasta que encontraron un sitio para ellos dos en la gran cama. Carl estaba deseando ver el cuerpo de su hermana totalmente desnudo y poder saborear cada centímetro de su piel.

Había pasado tanto tiempo desde que esos sentimientos comenzaron a nacer en ellos, nadie estuvo allí para explicarles lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo más seguro es que ellos hubieran hecho oídos sordos ante todo.

Carl tenía ocho años y estaba con su hermano mayor, Taylor de 14 años. Ese día era un día importante ya que le enseñaría una importante lección, quería que aprendiera a usar un arma y poder defenderse, poder defender a sus hermanos. Sasha estaba sentada en el bordillo y jugaba con su muñeca casi sin importarle lo que hacían sus hermanos, era tan normal esos muñecos de trapo y las armas para ella. Taylor un chico delgaducho de color y con la cabeza totalmente rapada al cero vestía como un reparo, su forma de andar era chulesca y provocativa. Carl intentaba imitar a su hermano y seguirle por la calle, quería aprender a matar. Sasha miró a sus hermanos mientras peinaba a su muñeca y se hacía muchas preguntas de donde iban ellos dos:

-Carl, Taylor ¿a donde vais?

Carl le miro con chulería con una sonrisa en los labios:

-Taylor me enseñara a matar hombres…

Sasha sonrió abrazando fuertemente a su muñeca:

-Niños tontos, ¿no crees, Susan?

Sasha recordaba como descubrió ese amor tan difícil de explicar y que aún sigue siendo para siempre, ella sabía que desde aquel día nadie les separaría. Compartían la misma sangre y la misma carne. Sasha tuvo que crecer demasiado rápido al descubrir que la muerte le acechaba dentro de poco, con sólo diez años su mente era casi la de una adulta y el dolor comenzó a tocar su piel con sus largos dedos, nuevamente otro de sus hermanos estaba a punto de morir. La niña se encerró en su cuarto para no ver cómo moría Taylor, se acercó a la ventana y suspiró al ver como llovía en el exterior, el mundo era eterno pero ellos tenían fecha de caducidad. 

Miró hacia la puerta al escuchar como se abría y vio como entraba Carl, se veía en sus ojos que ya había pasado todo y la muerte se había llevado a otro de sus hermanos dejándolos para siempre solos. Sasha se acerco a su hermano y apoyó su cabeza en su hombro dándole algo de cariño:

-Pasa lo que pase, yo estaré a tu lado Carl…

La chica cerró los ojos al sentir como su hermano le acariciaba lentamente el rostro, esa caricia era tan especial para ella ya que sentía como su corazón latía con fuerza, sentía que un extraño amor nacía entre ellos. Un amor que fue creciendo entre los cimientos de años juntos, crecía como ellos entre fiestas y momentos de soledad, entre besos y sonrisas. Todo el mundo sabía que eran inseparables pero nadie sabía lo que se escondía bajo las sabanas.

Tras el sexo, Sasha se encendió el porro que ponía punto y final a esa deliciosa noche, una noche que comenzó viendo las armas con la que derrocarían a Matt y se quedarían con la ciudad, que terminó jugando a dos bandas en su cama.

-¿Qué piensas hacer con Dean y esos blanquitos cuando termine todo, Carl?

El chico le cogió el porro de las manos a su hermana y sonrió:

-Acabar con ellos cariño…

Carl le dio una larga calada al porro y besó a su hermana en su boca compartiendo el humo de sus pulmones, eso hizo que Sasha sonriera y soltara el humo de su boca.

-Quiero a ese Tommy como mi juguete…je je je.

Tommy llegó a la puerta de su apartamento bastante pensativo ya que esa noche era tristemente especial, una noche para mentalizarse de lo que pasaría al día siguiente y casi despedirse de la gente que mas querías. Al abrir la puerta allí estaba Merlyn como siempre que se acercó a el a ver su triste rostro y le ofreció una tierna caricia, Tommy apoyó su cabeza en su hombro buscando algo de cobijo.

-¿Qué te pasa, Tommy?-Preguntó Merlyn.

Tommy soltó un entrecortado suspiro ya que le costaría decir aquello:

-Mañana iremos a derrocar a Matt y no se si volveré, eso me pasa-Unas lagrimas se derramaron por el rostro de Tommy -Tenemos esta noche para despedirnos de todos.

Las manos de Merlyn fueron al rostro de su querido amigo, le limpió las lagrimas lentamente e intentó no empezar a llorar:

-Me siento culpable, si no hubiera entrada en esa base militar jamás unos niños como vosotros tendríais que sacrificar vuestras vidas…

Tommy negó con su cabecita y el también agarró el rostro de Merlyn y le miró a los ojos:

-Tú no tienes la culpa de nada, seguro que tarde o temprano la maldita humanidad hubiera encontrado alguna manera para destruirse… Tú Merlyn eres buena.

Merlyn miró a los ojos de Tommy e hizo algo que estaba deseando desde hace mucho tiempo, quiso que sus labios y los del chico se conectaran entre ellos para que el entendiera que le amaba. Hacía tanto tiempo que nadie le daba cariño, hacía tanto tiempo que nadie conectaba de esa manera con su alma. Por Tommy sentía ternura y amor. El chico al ver esos sentimientos hacia él y al ver como esos labios estaban tan cerca de los suyos giró el rostro mirando al suelo:

-Merlyn, yo no puedo sentir lo mismo por ti, te quiero como a una hermana y la única persona que amo en lo más hondo de mi alma es a Jack…Maldita sea no puedo dejar de sufrir por eso.

Merlyn suspiró y negó lentamente ya que Tommy era demasiado bueno para ella, sabía lo que estaba sufriendo porque era el mismo dolor que sentía ella a hora mismo un amor no correspondido, pero al menos le tendría a su lado:

-Me puedes llamar hermana, Tommy…


Sarah Paulson es Merlyn
Tras llegar la noche parecía que todo estaba más tranquilo y extrañamente se podía andar por la calle sin peligro, se podía sentir en el ambiente que algo estaba a punto de pasar. 

Matt estaba con sus chicos en la comisaria, intentando encontrar alguna prueba que les llevara a quien le había robado las armas. El jefe del grupo se encendió un cigarro y se sentó en una de las sillas que estaba desperdigada por el lugar, sólo podía pensar en que alguien quería derrocarle o quería comenzar una guerra, no había conseguido asustar a los niños ni adolescentes de la ciudad para que no hicieran nada. Tendría que dar una lección a esa ciudad y matar algunos niños y esperar que comiencen a llover las balas. 

Levantó su mirada al escuchar las voces de uno de sus chicos que estaba vigilando en la calle:

-Dejadme pasar, soy amigo de Matt, quiero hablar con él…

Una chica de color intentó entrar en la comisaria y poder hablar con Matt pero uno de sus hombres le cogió fuertemente del brazo para detenerla, pero ella estaba muy nerviosa y tenía mucha información para él. Liza de 17 años tenía el pelo extremadamente rizado y unos bonitos ojos rasgados. Era una prostituta de la zona y sabía demasiado, sabía algo que Matt le interesaría. Matt miró a la chica e hizo una señal para que su chico la dejara entrar:
-Déjala, seguro que tiene algo que decirme, se cuidarme de mi mismo y le volaré la tapa de los sesos si es un peligro…

Liza se puso de rodillas ante Matt y posó su cabeza en su pierna mirándole a los ojos:

-Se que los Cohen pretenden entrar en tu hotel mañana y matarte, Matt...

Matt le cogió fuertemente del pelo haciéndole mucho daño:

-¿Cómo coño lo sabes, negra asquerosa?

-Matt, yo estuve haciéndole un trabajito a uno de los chicos de Carl y escuche una conversación…

Matt le acarició lentamente el rostro y le sonrió:

-Iremos al hotel y me contarás todo…

... Capítulo 23 ...

jueves, 20 de marzo de 2014

Reseña Antología Horrendos Amores

Reseña por la encantadora Chica Sombra de la antología Horrendos Amores, donde participo con uno de mis relatos ^^



miércoles, 19 de marzo de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 21


Joe Dempsie es Matt Nolan
Joe Dempsie es Matt Nolan
Matt Nolan estaba preocupado. El ataque a la comisaría le había dejado perplejo y el no saber quién lo había hecho no le dejaba dormir. Ya habían pasado tres días desde que un grupo de desconocidos entrara en su territorio y matara a los chicos que custodiaban sus armas.
No lo sentía por ellos, ni siquiera le importaba demasiado tener menos armamento, pero el que alguien se hubiera atrevido a hacer algo así no le gustaba nada.
La habitación que Matt usaba, la suite principal, estaba en penumbra. No había encendido las luces y la luz del atardecer se filtraba por el gran ventanal. Matt miró al horizonte con sus ojos azules y dejó que lo último rayos de sol le acariciaran su rostro. Suspiró, intentando tranquilizarse un poco y poder así pensar en cómo descubriría quienes eran los salvajes que se habían atrevido a desafiarle.
La puerta se abrió de repente y Katty apareció manchada de sangre.
—Ahora no estoy de humor —dijo Matt sin mirarla—. Es mejor que te vayas.
—Vaya, cada vez estás más borde —la vio contonearse hacia el mini bar y coger una botella de whisky— Estás perdiendo los modales, ni siquiera te has dado cuenta de que tengo una manchita aquí —Señaló uno de sus senos y sacó la lengua.
—¿Qué quieres, Katty? —Matt se levantó y se aproximó a ella.
—Quiero que te relajes un poco, cariño —cogió dos vasos y los llenó—. Ten, te irá bien.
Matt aceptó el whisky y lo bebió con avidez.
—Dudo que esto me haga olvidar lo de la comisaría —Fue hacia el sillón que tenía al lado del ventanal.
Katty fue al baño y salió con una toalla blanca en las manos. En unos segundos se manchó con la sangre de algún desconocido con el que la chica se había divertido aquella tarde.
—Lo se —dijo dejando la toalla en el suelo y cogiendo el otro vaso—. Pero al menos hará que olvides un poco el problema.
—No lo creo —Matt clavó sus ojos en ella. Odiaba la forma en que todo le daba igual, y odiaba que siempre dejara sus cosas tiradas por su habitación—. Luego si no te importa, recoge eso —añadió con tono brusco.
—Joder, Matt, ya lo se —Katty la cogió, fue al baño y volvió—. ¿Contento?
—Sí —dejó el vaso y miró de nuevo por la ventana.
—Esto es deprimente —Katty se sentó en el borde de la cama más cercano a Matt—. Deja de pensar en ellos, ya les cogeremos y se lo haremos pagar.
Matt la miró y apretó los dientes.
—El problema, como ya sabrás, es que no sabemos quienes fueron —la voz de Matt era pausada.
—Lo se, pero seguro que han dejado alguna pista, alguna prueba de quienes fueron. Envía a algunos de tus hombres a investigar. No a los gilipollas que usas como escolta, me refiero a los listos —Se tocó la sien con los dedos—. Seguro que ellos encuentran algo.
Matt pensó en las palabras de Katty. Lo había pensado antes, pero no sabía a quien enviar allí. Si Sarah estuviera aun con él, la enviaría a ella sin dudar, su hermana era una de las personas más inteligentes que había conocido. Pero le traicionó y se marchó para no volver. Y aun así, Matt la echaba de menos.
Suspiró y acabó su vaso de whisky. Después de meditarlo unos segundo, hablo.
—Bien, iré yo junto con un grupo reducido y algunos escoltas. Tú te quedarás aquí, y estarás al mando junto a Big J.
—Pero yo quiero ir contigo, no quiero quedarme aquí, y menos con ese imbécil —contestó como si fuera una niña pequeña.
—Harás lo que yo te diga. No estoy para tonterías, y lo digo en serio —sentenció.
Katty calló en el acto, apuró su whisky, se limpió los labios con la mano y salió de la habitación dando un fuerte portazo.
Matt se levantó y fue hacia la puerta donde se encontraba Billy de guardia.
—Llama a Ed, Diane y Zip. Diles que vengas ahora.
Billy se marchó y se encerró de nuevo en su habitación a la espera de que llegaran los chicos a los que había hecho llamar. Los más inteligentes de sus secuaces.
***
Dianna Agron es Maggie
Dianna Agron es Maggie
Maggie salió del bar de Andrew y se encendió un cigarrillo. Se sentó en el suelo, apoyada en la pared de ladrillo marrón donde se encontraba ese lugar. Dio una larga calada y dejó que el humo inundara sus pulmones. Sabía que era malo, nocivo. Había escuchado a su madre que provocaba cáncer y que si fumabas, morirías pronto. Pero en un mundo donde al cumplir los dieciocho morías, eso ya no importaba.
—¿Me das uno? —la voz la sobresaltó. Se trataba de Bob.
—Claro —Maggie sacó otro cigarrillo y se lo dio.
—Gracias —dijo Bob mientras Maggie le daba el encendedor—. Lo necesitaba.
—Y yo, y más con esos allí dentro.
—No creo que se queden mucho tiempo, aunque Sasha parece divertirse asustando a Tommy —Bob se sentó junto a ella.
—Es una mala puta. Ladra mucho, pero ahora nos necesita, así que no morderá —Maggie suspiró—. Pero cuando todo esto acabe, dudo que tengan piedad con nosotros.
—Lo se —contestó Bob—, pero les necesitamos. Al menos por ahora.
Maggie miró a Bob. Era un chico de su edad, de cabello castaño y ojos claros, atractivo. Notó como él se daba cuenta y apartaba la mirada.
—¿Por qué haces esto? —preguntó de repente. Maggie le miró—. Quiero decir, Sarah es la hermana de Matt, y tiene una deuda pendiente con él. Jack lo hace por su novia y su hijo, y Tommy… bueno, ya hemos visto que ellos dos son inseparables. Dean jamás dejaría hacerlo sola a su novia, y Andrew, él lo hace por Daisy. ¿Y tú? ¿Por qué?
Maggie miró al suelo.
—Por justicia —Le miró—. ¿Y que hay de ti? ¿Cuál es tu secreto? —dio la última calada a su cigarrillo y lo tiró.
—Por una buena amiga.
—Pensé que lo hacías por tus niños perdidos —dijo Maggie poniendo sus manos en sus rodillas.
—También, pero Matt tiene como prisionera a una buena amiga, y debo rescatarla. Se lo debo.
—Vaya, quien me iba a decir que el chico callado y solitario era todo un caballero andante —Maggie sonrió y vio como Bob le devolvía la sonrisa.
—No en ese sentido. Ella —hizo una pequeña pausa—, la conozco desde hace mucho tiempo, cuidamos de los niños abandonados y les damos un hogar. Es cómo una hermana para mi.
—Bueno, sea cual sea el motivo, es muy galante por tu parte. Cómo sacado de uno de los cuentos que mi padre me leía de niña —Maggie recordó a su padre con tristeza—. Pensé que ya no quedan chicos así —añadió, intentando recomponerse.
—Bueno, no todos son villanos como Matt, aun queda algún caballero de brillante armadura dispuesto a rescatar a una princesa.
Maggie rió ante esas palabras, y Bob hizo lo mismo.
—Bueno, lo que está claro es que yo no soy una princesa en apuros. Prefiero a las guerreras.
Bob se acercó un poco a ella.
—Hasta las guerreras necesitan un caballero, ya sea para que les acompañe en su aventura.
Le cogió de la barbilla y la besó. Maggie no sabía que hacer, pero no puso resistencia. No había besado a nadie y su primer beso había sido intenso, dulce y repentino. Sintió una presión en el estómago que no había notado nunca antes.
Maggie siempre había sido la extraña, la chica del pelo de colores que ocultaba quien era con su estilo, y al fin alguien se había fijado en ella. Maggie recordó rápidamente la vez que vio a Bob por primera vez; le había parecido un chico atractivo, interesante, pero jamás hubiera pensado que él la viera también de aquella forma.
Puso su mano sobre la de Bob y le devolvió el beso. Cuando terminaron, Maggie comprobó que Bob se había sonrojado.
—Yo… lo siento, no debí… —dijo nervioso.
—No hay nada que sentir.
Maggie se acercó a él y se besaron de nuevo.
... Capítulo 22 ...

jueves, 13 de marzo de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 20 por Elizabeth Thor



Jacob Artist es Jack

Jack estaba pensativo ante lo que había visto, había visto un futuro para él y Melissa, había visto un futuro en donde podría estar con su familia. Pero en ese futuro no tendría que estar Matt, tendrían que derrocar al dictador.
-Merlyn, no salgas de casa. Nosotros tenemos que hacer algo importante.
-¿Algo importante?-Preguntó Merlyn.
Merlyn abrazó con fuerza a Tommy presintiendo que podría estar en peligro, presentía que pasaría algo peligroso y que podría perder a su amigo :
-Tommy no quiero que te pase nada, quiero que vuelvas, ¿me entiendes? No sabría vivir sin ti.
Tommy miró a los ojos a Merlyn y le apartó el pelo de la frente y le sonrió, una sonrisa acogedora y cariñosa de esas que quedan atrapadas en el corazón.
-Tranquila, Merlyn. Volveré…
El silencio se hizo todo el camino ya que Jack no podía entender por qué su amigo no le contó aquel secreto. Era increíble que no pudiera confiar en él y no pudiera contarle sobre la existencia de Merlyn, sabiendo que era algo importante para él. Tommy sintió hasta lo más hondo de su alma ese silencio, sabía que Jack estaría bastante enfadado con él, pero sabía que todo el mundo querría hacer daño a Merlyn para saber su secreto.
-¿Por qué no me contaste lo de tu amiga?-Dijo Jack.
Tommy bajó por unos instantes su cabeza mirando al suelo, intentado buscar las palabras para contestarle ya que deseaba que su querido Jack le perdonara, le quería tanto que no quería que le odiara.
-Jack yo es que… - Tommy tragó silaba- Quería hacerlo pero no podía confiar en nadie, que pasaría si para saber su secreto alguien quisiera hacerle daño… Yo quería que todo estuviera más calmado y poder contártelo a ti y a Melissa, pero tenía miedo por ella, ella es como mi hermana…
Jack miró a su amigo seriamente y al final forzó una sonrisa que relajó un poco la tensión que se había creado entre ellos, por unos momentos Tommy respiró aliviado. Jack le miró a los ojos :
-Ella me trae algo de fe, pero si hay una cura sigue existiendo Matt…
Los dos chicos llegaron al bar de Andrew que estaba completamente cerrado, algunos pensarían que estaba cerrado como luto a Daisy pero en sus entrañas se estaba preparando un plan terrorista para derrocar a Matt. Nadie sabía lo que encerraba tras sus puertas cerradas. Pensaban que Andrew estaba lloriqueando con sus videojuegos, pero realmente tenía escondidas toda clase de armas.
Maggie estaba en silencio apoyada contra la pared, estaba pensativa ante lo que estaba pasando ya que estaban apunto de colaborar con los Cohen, conocía a mucha gente que habían muerto por ellos y sus chicos. Tenía miedo al pensar que les mordieran el culo, sabía que intentaran matarlos tras derrocar a Matt. Dean se acerco a Maggie tras verla tan pensativa:
-¿Qué te pasa, Maggie?
-Los Cohen, son esos malditos hermanos. ¿Cómo podemos confiar en que no nos mataran tras acabar con Matt?
Dean suspiró al pensar en aquello, conocía desde hace años a Sasha y Carl y sabía que era difícil confiar en ellos, sabía que ellos pensaban en quedarse con la ciudad.
-No podemos…
Sarah comenzó a contar las armas que tenían encima de la mesa. Contar cargadores y las granadas que habían conseguido tras el ataque a la comisaria. Bob estaba en silencio pensando en Lilith y como estaría sufriendo por todo aquello, como estaría sufriendo por las torturas de Matt o si seguiría viva. Sarah se acercó a Bob ya que para ella ese chico era un misterio, ¿qué era lo que buscaba? ¿Qué era lo que quería conseguir? ¿Por qué les ayudaba?
-Bob, ¿por qué nos ayudas?
-Quiero encontrar a una persona, quiero saber si sigue viva. Vuestra causa no me importa, sólo quiero saber si Lilith sigue viva…
Andrew se quedó en silencio mirando todas aquellas armas ya que jamás había cogido una y parecían más reales que sus videojuegos. Tocó una de las pistolas y un escalofrío cruzó todo su cuerpo. Dio un paso hacia atrás intentando recordar la diferencia de sus juegos electrónicos y la muerte real, si te mataban con esas armas ni todos los continúes del mundo te podrían resucitar. Se escuchó unos golpes en la puerta del bar, Dean cogió una de las pistolas e hizo una señal para que Andrew abriera la puerta, él se aseguraría que no fuera uno de los hombres de Matt. Por unos momentos la tensión se respiro en el bar, pero al abrirse la puerta se diluyó por segundos al ver que eran Jack y Tommy. Sarah respiró con calma y se llevó la mano al corazón ya que juraría que le daría un infarto. Tragó algo de silaba y miró a sus compañeros:

Dianna Agron es Maggie

-Dentro de unas horas vendrán los Cohen para asegurarse que tenemos las armas.
Maggie lanzó una carcajada mirando a sus compañeros:
-¿Estamos gilipollas o qué? Esos psicópatas seguro que quieren descargar los cargadores en nuestros cuerpos…Parece que soy la única sensata en este grupo y la idea de los Cohen me pareció muy mala.
Jack sonrió al escucharla, parecía que él y Tommy no eran los únicos que pensaban igual:
-Esta todo hecho, ya no hay marcha atrás. Si queremos acabar con Matt, tenemos que aliarnos con su enemigo que seguro que tiene tantas ganas o más de verle muerto…
Otro golpe a la puerta del bar, ésta vez Dean y Jack cogieron un arma para asegurarse que no fueran unos invitados no deseados. Tommy se acercó a Andrew y se sintió por unos segundos algo más seguro ante todo lo que podía pasar, Bob mantenía una calma imposible de romper ya que siempre estaba preparado para morir.
Sarah abrió lentamente la puerta hasta ver sorprendida que eran los Cohen escoltados por algunos de sus chicos, Sasha vio algo de miedo en los ojos de la blanquita y sonrió:
-¿Te tengo que enseñar la puta patita para que sepas que soy tu mamaita? Puto corderito, déjanos pasar.
El grupo de chicos de color entraron al bar, parecía increíble que pudieran llegar hasta allí sabiendo como Matt tenía las calles cortadas para que la gente de los Cohen no entraran en su territorio. Carl se cruzó de brazos al ver aquella mesa llena de armas de toda clase y cargadores, perfecto para comenzar una guerra:
-Tenias razón, Dean, tenéis armas para reventarle el culo a Matt. Me gusta.
Sasha cogió una de las pistolas descargadas y comenzó a mirar a los blanquitos que la rodeaban, ella tenía una pérfida sonrisa en los labios:
-Cómo me gustaría vaciar un cargador entero en uno de éstos blanquitos, pero tristemente por ahora somos aliados…
Sasha se acercó a Tommy y le apuntó a la cabeza. De todos los blanquitos que fueron a verla éste le había hecho más gracia por su debilidad y le gustaba ver su miedo en los ojos. Aparte tenía algo extraño en su mirada, no sabía lo que era pero haría que llorara por su intimidación:
-Mi blanquito favorito, ¿qué pensarías si te digo que después de Matt, tú serás el siguiente...?
Jack se puso enfrente apartándole el arma de la cabeza de Tommy. Sasha comenzó a reír:
-Los putos blanquitos, no aceptan una puta broma-Se acerco a Tommy- Buuuu. Comienza a llorar, corderito…
Katty salió a la calle intentando pensar en otra cosa, intentando aclarar sus ideas ya que podía olvidar las palabras de Matt, sólo pensar en sus palabras le llenaban de ira. Su admirado y querido Matt estaba preocupado por el ataque de la comisaria, pensaba que alguien quería derrocarle. Querían hacer daño al hombre que ella tanto deseaba y por el que sacrificaría su vida por él. Estaba bastante abatida pensando que no habían repartido el suficiente miedo entre los malditos críos para respetar a Matt, era increíble que hubiera alguien que pensara que podía hacer daño a su hombre. Levantó su mirada y vio a una pareja de adolescentes sentados en un banco fumándose un cigarrillo, olvidando sus penosas vidas con unas cervezas.
Katty se paró delante de ellos regalandoles una amigable sonrisa a los dos chicos, les haría una pregunta y esperaba una dichosa respuesta para comenzar a desatar el dolor con sus cuchillos.
-Hola, chicos. Quería haceros una pregunta, ¿qué pensáis de Matt, el dictador de ésta ciudad?
Katty le había regalo a la jovencita de pelo rubio las primeras palabras para comenzar a insultar a su admirado Matt, lo que no sabía es que bañaría de sangre a su parejita, un chico de pelo castaño y mirada risueña:
La chica rubia le dio la última calada al cigarrillo y se quedó mirando por unos instantes a Katty, la psicótica jovencita resbaló sus manos a los cuchillos de sus caderas esperando esos primeros insultos, esperando a que abriera la maldita boca:
-Ese Matt merecería morir-Dijo la chica rubia.
Katty comenzó a reír, la parejita se miraron uno al otro y comenzaron a reír junto a ella, sin pensar en lo que podría pasar. Katty dio una larga carcajada y sacó sus cuchillos a gran velocidad clavándoselo en las gargantas a la difunta pareja, por unos segundos la sangre de sus victimas comenzaron a mojar el cuerpo de Katty:
-No insultéis a Matt, él es mi hombre… Niñatos.
... Capítulo 21 ...