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miércoles, 30 de julio de 2014

Vampiros en la noche, Capítulo 7 por Elena Saavedra


Jennifer Lawrence es Cynthia
Jennifer Lawrence es Cynthia
Maxime estaba nerviosa, después de contarle a Cynthia que estaba en protección de testigos ella había insistido en hacerle una visita; así pues había decidido verla aquella misma tarde. Debería pedirle a Jack que la acompañase, nunca se sabía que podría pasarle si iba sola, además estaba deseando presentarle ante su amiga, ¿era posible que hubiese empezado a sentir algo por aquel hombre? Sin duda, una cosa era segura ahora era todo posible. Maxime informó a Jack de su quedada y éste aceptó llevarla encantado. Llegaron hasta la cafetería dónde había quedado con Cynthia y Jack aparcó el coche. Ambos se bajaron del coche y caminaron hasta Cynthia, tras las breves presentaciones se sentaron en la mesa junto a Cynthia.

- Me alegro de que hayas venido- saludó Cynthia a Maxime.
- Jack te presento a mi amiga Cynthia, Cynthia él es Jack Blake, el agente que me mantiene a salvo hasta que cojan al asesino de la discoteca- les presentó Maxime.
- Así que era cierto- dijo con algo de miedo Cynthia-. ¿Por qué no me contaste lo que te había pasado Maxime? Nos tenías preocupados a tu hermano y a mí, pero sobre todo a mí. No deberías haber huido, pero sobre todo no deberías de habérmelo ocultado. Bueno, lo importante es que ahora estarás segura.
- No te preocupes, el agente Blake me protegerá- aseguró Maxime.
- Lo que no entiendo es porqué tienes que irte a vivir con él, pero puedes seguir acudiendo al trabajo- dijo confusa Cynthia.
- Bueno la verdad es que me voy porque me siento más segura con el agente Jack Blake, podría quedarme contigo; pero tengo miedo-reconoció Maxime- Te agradecería que no le contaras nada a Sasha, si mi hermano se entera jamás permitiría que me quedase con el agente Blake y sin él no estoy segura. Además en el trabajo estoy segura, pero en el piso no- explicó Maxime.
- Bueno supongo que tiene sentido-Cynthia la abrazó- En cualquier caso me alegro de volver a verte. Y si necesitas cualquier cosa llámame y sino llámame igualmente, te voy a echar mucho de menos compañera.
- Y yo a ti- Maxime abrazó a Cynthia y luego se marchó- Bueno tengo que irme, pero te veré todos los días en el trabajo y pronto en la fiesta de cumpleaños de Sasha.
- Sí, estoy deseando ir- confesó Cynthia.
- Maxime no pretendo interrumpir vuestro reencuentro, pero tengo que volver al trabajo- intervino Jack- Hasta luego Cynthia, me ha encantado conocerte.
- Todo un placer, conocerle agente Blake- Cynthia le tendió la mano y Jack se la apretó- Sino le importa me gustaría despedirme de Maxime a solas.
- Por supuesto, te esperaré en el coche- Jack se fue al coche y dejó a ambas amigas  solas, pero en ningún momento dejó de observar a Maxime, después de todo tenía que protegerla a cualquier coste- Maxime, te protegeré no sólo porque sea mi deber sino porque quiero protegerte. Me has devuelto la esperanza.
Chace Crawford es Jack Blake
Chace Crawford es Jack Blake
Cynthia sonrió a Maxime- Vaya, debes estar muy contenta, el agente Blake es muy guapo. ¿Cómo es? ¿Es tan sexy como aparenta?
Maxime se rió- Pues la verdad es que es encantador.
- Pues ve a por él, se nota que él está interesado en ti- le animó Cynthia.
- Dijo la que tiene el valor de decirle lo que siente a su chico- dijo irónicamente Maxime- ¿Qué pasa con Sasha?
- Yo me arriesgué y me dijo que no, ¿recuerdas?- dijo apenada Cynthia- Pero Jack sí que está interesado en ti. Ve a por él, no lo desaproveches.
- Pues haz tú lo mismo en el cumpleaños de Sasha, ¿por qué crees que te ha invitado? Creo que ahora sí te corresponde- aseguró Maxime.
- Tal vez, pero no pienso dejar que me rompa el corazón de nuevo. Sino estoy segura prefiero no dar el paso, eso sí pienso conquistarle y tú deberías hacer lo mismo con Jack. ¿Quién sabe lo qué puede pasar?
Maxime observó a Jack y suspiró- Lo haré.
- Ya me contarás, ahora ve con él- se despidió Cynthia.
Maxime fue con Jack y se montó en el coche- Perdona por la tardanza.
- No importa, necesitabas hablar a solas con tu amiga, lo entiendo.
- ¿Sabes? Cuando termines de trabajar podríamos ya saber ir a cenar, quizás hablarnos, si quieres-propuso Maxime con una gran sonrisa.
- Sólo si me dejas invitar a mí-Jack le guiñó un ojo y arrancó el coche- Bueno ahora te voy a dejar en casa, tengo que ir a ver a un antiguo amigo. Ya sabes…
- Cosas de trabajo- finalizó Maxime y Jack asintió- Recógeme a las 8.
Maxime llegó a la casa y se puso a prepararse, estaba deseando cenar con Jack.
Jack volvió a casa y recogió a Maxime. Llevaba puesto un vestido rojo espectacular, estaba si cabe aún más preciosa. Maxime se subió al coche y juntos se fueron al restaurante a cenar.
- Estás preciosa Maxime…bueno no quiero decir que no seas preciosa sino te vistes así…siempre lo estás…pero con ese vestido estás espectacular- tartamudeó Jack algo nervioso y Maxime le acarició el brazo- Gracias por pararme, creo que no digo más que tonterías, bueno lo de que estás preciosa no es ninguna tontería… yo…
Maxime le besó en la mejilla- Gracias por el cumplido.
Jack condujo hasta el restaurante y allí aparcó. Luego juntos se fueron al restaurante y se sentaron en la mesa que tenían reservada. Jack le retiró la silla para Maxime pudiera sentarse y ella se sonrojó.

Kat Dennigs es Maxime
Se sentaron en la mesa y un camarero acudió- ¿Qué van a tomar?- miró a Jack- Oh si es el agente Blake y veo que en esta ocasión va acompañado. Sabía que algún día traería aquí a alguna mujer, sin duda aparte de hermosa debe ser muy especial.
- Bueno…- Jack se puso nervioso- Ponme lo de siempre, un vino tinto de la casa y…bueno. ¿Tú qué quieres Maxime?
- Bueno como veo que tú eres el experto tomaré lo mismo que tú, ¿no lleva brécol verdad? Lo detesto- contestó Maxime.
- No lleva brécol, es un steak de ternera al punto con puré de calabaza y patatas fritas. De postre como no tarta de queso, creo que le gustará- informó el camarero.
- De acuerdo entonces- afirmó Maxime y el camarero se marchó- Es un sitio increíble
- Te encantará, la carne es exquisita. La verdad es que como de todo pero…
- Soy principalmente carnívoro- finalizó Maxime- Sí, yo también.
- Entonces nos llevaremos muy bien- llegó de nuevo el camarero con el vino y les sirvió un poco en sus copas- Gracias. ¿Qué tal si brindamos?
- ¿Y por qué brindamos?- preguntó Maxime.
- Por el futuro que nos espera- propuso Jack.
- Por el futuro que nos espera- brindó Maxime y ambos bebieron juntos.
Tras una cena excelente y una conversación aún mejor volvieron a casa- ¿Te lo has pasado bien? – preguntó Jack y Maxime asintió y ella se acarició los brazos- Ten- Jack le tendió la chaqueta y estuvieron tan cerca sus labios- Maxime…debo decirte que desde el momento en el que te conocí supe que y Maxime le calló con los dedos sobre sus labios y Jack la besó sobre los labios.
Pasaron juntos a la casa- Ha sido una noche encantadora- afirmó Maxime.
Entonces el móvil de Jack sonó- Lo siento, tengo que cogerlo- ¿Diga? Sí, enseguida voy- Jack colgó- Lo siento ha habido una masacre y tengo que ir al escenario del crimen, a lo mejor hay alguna pista que me conduzca hasta la familia Blair y así por fin estarías a salvo.
- Es una lástima, me gustaba vivir aquí- se lamentó Maxime.
- Puedes quedarte todo el tiempo que desees- afirmó Jack- Pero ahora debo marcharme, volveré lo más temprano posible, pero no me esperes levantada.
- De acuerdo, ten cuidado- Maxime se acercó a Jack y este la besó.
Jack se despidió de ella y se marchó- Os pienso coger familia Blair, ya no sólo para vengar a mi padre sino por Maxime. No pienso dejar que le hagáis daño, y mucho menos tú, Dante Blair.
... Capítulo 8 ...

martes, 29 de julio de 2014

T2: El Último Juego de Niños, Capítulo 38


Alexander Ludwig es Clayton ‘Clay’ Walter
Alexander Ludwig es Clayton ‘Clay’ Walter
Clayton ‘Clay’ Walter paseaba por las calles de su apacible pueblo. Era un chico de dieciséis años alto, de complexión fuerte. Su pelo rubio se aclaraba siempre con el sol, y sus ojos azules parecían dos mares en medio del árido desierto de Summer Hills, el nombre que los habitantes del pueblo le habían dado tras la lluvia.
Nada malo ocurría en Summer Hills, y menos desde que Clay era la ley del pueblo. Su padre, el antiguo sheriff, era un hombre severo y de mano dura, que crió a sus hijos con fuertes convicciones religiosas. Pero él ya no estaba allí, y en cuanto lo enterraron, el cargo pasó a su hijo mayor. A Clay le encantaba su puesto, y desde que él mandaba en el pueblo, nade cometía ningún tipo de delito, o sabían que acabarían en la horca. Y es que si cometías un delito que Clay consideraba grave, acababas muerto en medio de la plaza. Las normas eran sencillas: si cometías algún delito menor, perdías una extremidad. Si reincidías o cometías un delito grave, como una violación o asesinato, la vida. Y si le llevabas la contraria o te interponías en sus asuntos, serías torturado en los calabozos antes de acabar con un collar de cuerda basta en el cuello.
Clay era amable con la gente, pero impartía su ley con puño de hierro, y ya fuera porque le tuvieran miedo, nadie se interponía en su camino.
Los habitantes de Summer Hills no pusieron resistencia ante las nuevas leyes, y Wesley, el hijo del alcalde y actual regidor del pueblo, un chico al que le gustaba demasiado empinar el codo y las chicas, había estado del lado de Clay desde el principio. Wesley se pensaba que era el que mandaba en el pueblo, pero iba muy mal encaminado, ya que Summer Hills era el pueblo de Clay. Él era realmente el alcalde y el sheriff a la vez. Y también el juez, jurado y verdugo de ese pequeño pueblo del sur del país.
Contaba con dos ayudantes, Connor, un chico de trece años fuerte que era su mano derecha, y Mary Lee, una chica corpulenta de quince y a la que confiaría su propia vida.
Pensó en el concurso de tartas del próximo domingo. Y es que en Summer Hills, a pesar de la muerte de todos los adultos, la vida continuaba con la mayor normalidad, y el primer domingo de cada mes organizaban un concurso donde él era el juez. Se relamió los labios al pensar en la deliciosa tarta de Lily cuando alguien empezó a llamarle.
—Sheriff Walter, tenemos problemas —dijo Karen, la dueña de una pequeña tienda de comestibles, una niña de nueve años de coletas castañas y ojos pardo.
—¿Qué ocurre, Karen? ¿Los chicos Dalton han vuelto a robar dulces en tu colmado? —preguntó Clay sonriendo y poniendo sus manos en los bolsillos del pantalón del uniforme de policía que Gery, el pequeño sastre del pueblo le había hecho a medida.
—No, señor. Forasteros —contestó y se marchó asustada.
A Clay eso no le hizo gracia. No le gustaban los forasteros, siempre daban problemas. Habían conocido buena gente, e incluso algunos se habían quedado a vivir en Summer Hills, pero la mayoría sólo quería violar y saquear, y Clay y sus chicos debían detenerles. Incluso ponían los cadáveres a la entrada del pueblo como advertencia, colgados de varios postes, pero hacía ya tiempo que no se acercaba ningún desconocido.
Miró a su alrededor. «¿Dónde estarán?», pensó inquieto. Decidió ir a la comisaría para organizar la bienvenida. Si eran amables, ellos les tratarían con cordialidad, pero si eran hostiles, no dudarían en colgarles en cuanto tuvieran ocasión.
Entró en la comisaría, y saludó a Connor y Mary Lee.
—Señores, Karen me ha avisado de que han… —Pero Connor le cortó.
—Visto a varios extraños en el pueblo —dijo poniéndose bien la pistolera—. Nos ha llamado Finn, están en su bar, y no son buena gente. O al menos eso dice.
—Bien, pues tendremos que enseñarles quien manda en Summer Hills.
Tanto Connor como Mary Lee asintieron. Prepararon sus armas y se dirigieron hasta el bar de Finn.
En frente del local, habían varios coches aparcados. Clay vio como un chico moreno hablaba con una chica de escasa ropa. «Una puta y su chulo, estupendo —pensó Clay—, sólo viene chusma y gente sin modales, habrá que darles una lección.»
Varios chicos de diferentes edades les esperaban apoyados en los coches, entre ellos una niña que no dejaba de tocar algo que tenía en las manos.
—Chicos de ciudad —dijo Mary Lee apoyando las manos en las caderas.
—Sí, se les nota a la legua —añadió Connor.
—Y problemáticos, sólo miradles —Clay estaba cada vez más asqueado—. Van armados y son más de diez. Tenemos que llamar a los Petterson.
Hubo unos segundos de silencio. Sabía que eran peligrosos, pero Clay no les temía, al contrario, trabajaban para él. Los Petterson eran una familia de cinco chicos de entre ocho y dieciséis años, tres chicos y dos chicas, que vivían en las afueras del pueblo. Sus padres eran cazadores de caimanes, por lo que desde muy pequeños sabían disparar y no se lo pensaban dos veces si tenían que matar a alguien.
—¿E-estás seguro, Clay? —preguntó Connor nervioso.
—Segurísimo —Clay les miró—. Es mejor que vayamos a buscarles. Entre todos, tendremos a los extraños en los calabozos al anochecer.
Caminaron hacía las afueras, en busca de los Petterson, su arma infalible para librase de los extraños cuanto antes.
***
Sarah se despertó en medio de una pesadilla de sangre y balas. En ella, Dean estaba de pie, mirándola sonriente, de pronto, una lluvia de plomo caía
Taissa Farmiga es Sarah Nolan
Taissa Farmiga es Sarah Nolan
sobre el chico y le hizo varios agujeros en el cuerpo. Sarah gritaba y le abrazaba, y todo se volvía rojo.
Miró a su alrededor y vio a Bob hablando con Lilith. Maggie dormía profundamente, cosa que le alegró, «Como les vea hablando, se ha a enfadar.»
Jack estaba dormido junto a Melissa, agrazados. Sarah suspiró. En ese momento un fugaz deseo de ser ella la que estuviera abrazada al chico se apoderó de ella, pero lo apartó de su mente. «¿Qué hemos hecho?», se preguntó a si misma recordando que hacía escasas horas habían compartido un momento de pasión junto a la hoguera.
Se tendió en el suelo, intentando conciliar de nuevo el sueño y deseando soñar con algo agradable.
A la mañana siguiente, Sarah no podía mirar a Jack a la cara. Le esquivaba y se sentía mal por lo que había pasado. Iba a ser padre, y ella estaba cada vez más atraída por él. Y estaba Melissa. La dulce y encantadora novia de Jack. A Sarah le caía bien esa chica, pero esa noche no pudo luchar contra sus impulsos y se dejó llevar. Tampoco a ella podía mirarle a los ojos.
—¿Estás bien? —preguntó Maggie mientras preparaban el desayuno.
—Sí, sí —contestó y suspiró—. Vaya festín vamos a comer, ¿eh? —dijo removiendo un cazo de judías.
—Al menos es algo caliente, aunque es más una comida que un desayuno —Maggie sonrió—. Echo de menos los cereales. Espero que la próxima vez que salgan a buscar comida encuentren una caja, o unos Twinkies.
Sarah le devolvió la sonrisa.
—Me encantan los Twinkies —dijo recordando como su madre le llevaba ese dulce los sábados por la tarde si tenía hechos las tareas antes de cenar.
—¿Puedo ayudar? —Melissa se había acercado a ellas sin hacer ruido. Ya se le notaba que estaba embarazada, y las carencias nutricionales hacían que se mareara con facilidad.
Sarah miró el cazo, casi hipnotizada, evitando levantar la vista.
—No hace falta —dijo, esquiva.
—Es mejor que descanses, te daremos una buena ración para que estés fuerte —añadió Maggie sujetando el cuenco más grande.
—Gracias, Maggie —Melissa no se alejó—. Es que quiero ser útil.
—Siempre eres de utilidad —Maggie la miró—. Y si quieres seguir siéndolo, te necesitamos fuerte, así que siéntate que ahora te sirvo —le guiñó el ojo.
Sarah oyó reír a Melissa y vio como la chica se sentaba al lado, esperando el desayuno. Ella no habló, se sentía avergonzada por lo que había ocurrido aquella noche. Una noche de pasión, fuego y estrellas. «Lo siento mucho, Melissa.»
—¿Falta mucho? —Bob abrazó a Maggie por la espalda y la besó en la mejilla.
Sarah vio la cara de Maggie, no parecía muy contenta y sabía porque. Bob estaba demasiado tiempo con Lilith, intentando que entrara en razón, y dejaba a Maggie de lado. Sarah había escuchado las quejas de su amiga una y otra vez, y le sabía mal verla así. Maggie era una de las personas que más quería.
—Ya está listo —dijo algo seca. Bob lo notó y la soltó.
—¿Estás bien? —le preguntó extrañado.
—Estoy —le tendió dos cuencos—. Toma, para ti y tu amiguita —los llenó de judías y le giró la cara. Bob miró a Sarah buscando algo de comprensión. Señaló a Lilith con la cabeza y Bob suspiró.
—Maggie, sabes que te quiero —empezó a decir.
—No es el momento —le cortó Maggie y siguió sirviendo el desayuno a Tommy y Merlyn.
—Bob, es mejor que habléis, a solas, y solucionéis el tema —dijo Sarah.
—Lo sé —Bob fue de nuevo junto a Lilith.
«Éste chico no aprende», pensó sacudiendo la cabeza.
—¿Le puedes llevar el desayuno a Jack? —preguntó Melissa con amabilidad.
—Voy —contestó Sarah sin mirarla.
Jack estaba junto el camión. Sarah se acercó a él y le tendió el cuenco.
—El desayuno —dijo dándoselo y empezó a marcharse.
—¡Sarah! —llamó Jack. Sarah se dio la vuelta—. ¿Qué te ocurre? Estás muy fría.
—Tú ya lo sabes, Jack. No debimos hacerlo —dijo nerviosa.
—No cargues con la culpa —dijo y le acarició un mechón de pelo castaño claro—. Yo soy el culpable. Dean murió, pero yo estoy con Melissa y joder, voy a ser padre. Tú no tienes la culpa de mis errores.
Sarah asintió y se alejó. Jack no la detuvo. Seguía pensando que era culpa de ella. Al fin y al cabo sabía que él tenía pareja, y encima Melissa era una buena persona. Volvió con el resto, se sentó a un lado y desayunó en silencio.
... Capítulo 39 ...

martes, 22 de julio de 2014

T2: El Último Juego de Niños, Capítulo 37 por Elizabeth Thor



Jena Malone es Lilith
Bob le miró a los ojos y le dio un abrazo para que se tranquilizara, quería que supiera que siempre estaba a su lado:
-Vámonos a dormir. Tranquila, yo estoy a tu lado, Lilith.
Jack pasó casi toda la noche despierto ya que solo podía pensar en Sarah, esa forma de cogerle la mano y esa forma de hablarle, no entendía que estaba pasando con ella y por que se le había despertado esos extraños sentimientos hacia ella. Miró a su colchón y vio que la chica no estaba durmiendo, vio que Melissa estaba durmiendo y la dejó sumida en sus sueños para saber donde estaba Sarah. Al salir del camión vio que ella estaba practicando su puntería, había encendido unas cuantas bengalas e intentaba darle a algunas de las latas. Los dos chicos se quedaron mirando fijamente y, atraídos por sus bajas pasiones, se abrazaron. Se besaron sin cesar y entre las luces de las bengalas se desnudaron, se dejaron llevar por sus bajas pasiones. Sarah miró a Jack y negó por unos segundos:
-No podemos hacerlo, Jack…
-Claro, encontré unos condones en unos almacenes…
La pareja se besó con mucha pasión y desnudos se dejaron llevar por sus impulsos, Jack cerraba la boca a Sarah para que no se escucharan sus gemidos.
Katty dio un largo suspiro al ver esos interminables caminos de campos de maíz, suspiraba porque odiaba esa tranquilidad que se hacia con todo y sobre todo con su largo camino. No tenia emoción ir con el hummer de Matt por esas carreteras que no tenían fin, esas carreteras que al horizonte se podía ver un lago que brillaba con el sol, uno de los tantos efectos ópticos del calor abrasador de la carretera. Se encendió un cigarro y se frotó el pelo aburrida:
-Matt, Matt, ¿llegaremos algún día a algún puto sitio? -Katty dio una calada a su cigarro- Necesito estirar las piernas, tomar una cerveza, y Sam necesita un servicio para hacerse una paja…
Sam, enfadado, le hizo un corte de mangas a Katty y eso hizo que sonriera, le gustaba tocarle las narices a su amigo ya que estaba muerta de aburrimiento. Matt estaba junto a Mandy y no cesaba de darle prisas para que localizara a su hermana y al grupo de rebeldes:

Miley Cyrus es Katty
-Mandy, ¿donde coño están?
Mandy tenía en su regazo un ordenador para controlar el gps y poder saber donde estaba ese camión en ese momento, algo bastante complicado ya que por el poco mantenimiento el satélite ya no llegaba a funcionar, la falta de algún humano que trabajara en aquello ya se notaba:
-Matt, ya sabes que cuesta que esto funcione. El gps está conectado en uno de los pocos satélites que funciona y que cualquier momento se estrellara contra la Tierra, la tecnología adulta está dando fallos…
Un letrero avisaba que faltaban pocos kilómetros para llegar al próximo pueblo, al leer aquello Katty lanzó un largo suspiro de alivio ya que al final podrían bajar y respirar un poco fuera del coche, pero que ningún mini redneck le pidiera que se comportara. Al llegar al pequeño pueblo fue como entrar en otra dimensión, ya que todo aquello parecía un pequeño pueblo casi idílico, muy apartado del infierno que Matt y sus chicos se habían criado en la ciudad. Niños y adolescentes paseando por sus calles tranquilas, trabajando en las pequeñas tiendas y recuperando la vida que dejaron sus adultos cuando murieron. Esos chicos se quedaron mirado asombrados la llegada de los Hummer al pueblo. Aquello rompió la tranquilidad que se respiraba al ver como bajan los pasajeros de esas bestias de metal, no estaban acostumbrados a los extraños venidos de la ciudad. Katty se puso su gorra y cogió de la mano a Matt, mientras se sentían observados:
-Odio a estos rednecks, Matt. Seguro que podríamos pisarlos a todos…
-Busquemos algún sitio para poder tomar algo -Matt miró a Big T- Quiero que vigiles a Mandy mientras ella sigue buscando a Sarah.
Sam se crujió los nudillos y dio un largo suspiro, miró a su alrededor y sonrió al ver algo que le gustaba, muchas mujeres de cualquier edad y eso le excitaba. Despertando sus más bajos instintos y haciendo que la boca se le hiciera agua.
Matt tenía cogida de la mano a Katty y comenzaron a andar por la calle bajo los ojos de los pueblerinos, a su lado Sam y algunos de sus chicos con algunas de sus armas. Encontraron un bar y entraron para tomar algunas copas, volvieron a despertar la misma atención de la gente que estaba allí, sobretodo Katty al genero masculino, su forma de andar llena de sensualidad y su poca ropa. La chica sonrió al ver al camarero:
-¡Que comience a correr las bebidas! ¡Aquí está Matt!
El chico de unos trece años con gafas le miró extrañada mientras limpiaba un vaso. No sabía quien era ese tal Matt:
-Perdone, señorita ¿quién es ese Matt?
Matt lanzó una largo suspiro y Katty agarró de la camisa al camarero posándole en la sien una de sus pistolas plateadas:

Maisie Williams es Mandy
-Maldito niñato, no sabes quien es Matt. Él es el amo de la ciudad y él me ordenara vaciarte los sesos sobre la barra…Comienza a darnos todo el alcohol que queremos.
El chico tragó silaba mientras Katty le decía aquello:
-Perdón, no sabía quien era Matt. El hijo del sheriff nunca nos habló de él.
Matt cogió una de las cervezas y comenzó a pensar en lo que había dicho aquel chico, no sabía quien era ese hijo del sheriff pero parecía que era alguna clase ley en el pequeño pueblo. Katty comenzó a besarle el cuello solo deseando que fueran al piso de arriba para jugar un poco los dos juntos:
-Podríamos echar un polvo, ¿no crees, Matt…?
Matt suspiró y miró a su amante a los ojos:
-Olvidarme, quiero pensar un poco…
A su lado, Sam ya había visto una nueva victima para su arrebatarle la fragilidad, para intentar desvirgarla y eso le excitaba ya que parecía que habían muchas vírgenes en aquel sitio comparado a la ciudad. Comenzó a jugar con una chica de unos catorce años de largas coletas rubias y rostro plagado de pecas, con un bonito traje azul. Comenzó a acariciar sus coletas y mirarla como un lobo feroz:
-¿Quieres que te dé unos dulces? ¿Quieres que juguemos un poco?
Matt miró enfadado a Sam y le dio un fuerte puñetazo en la cara haciendo que comenzara a sangrar, no quería ver que los malos hábitos de sus chicos comenzaran a brotar:
-¿Qué quieres? ¿Qué te vuelvan a conocer como el violador de los dulces, asqueroso Sam?
Sam, enfadado, salió del bar llorando tras el golpe y corrió hacia el Hummer, mientras Katty hacia de las suyas con la gente que le rodeaba y era asustarlos por la forma de comportarse, por la forma de hablar. Se acercó a un chico y comenzó a mover el trasero como si estuviera bailando, comenzó a frotarse contra sus pantalones y comenzó a sonreír picaramente:
-Pequeño, seguro que estas deseando tirarte a una perra como yo de dieciséis años. Tirarme contra la barra y quitarme las bragas…
Katty a su lado viendo a una chica de su edad de pelo oscuro y que se moría de vergüenza al ver como se comportaba:
-¿Qué pasa, niñata? ¿Nunca te han follado?
Matt miró a sus chicos e hizo un gesto para que les siguiera, cogió fuertemente del brazo a Katty y la arrastró hacia la calle, la chica le miró furiosa como una cría:
-¿Ves cómo me comporto cuando no me echen un buen polvo…?
El camarero cogió el teléfono para llamar:
-Sheriff, tenemos un problema…
Mandy se sentó en un banco y siguió con sus cálculos intentando encontrar a los fugitivos, pero era todo un lío conseguir que funcionara el satélite y eso reconcomía la cabecita de la cría. El sol era demasiado molesto y extrañamente algo lo oscureció lentamente, cuando se quiso dar cuenta unos cuantos niños de su edad la rodearon y miraban extrañados:
-Niños, ?queréis largaros y dejarme trabajar….?
Los niños comenzaron a reírse por el comentario de esa extraña niña, una de las niñas con coletas le comenzó a hacer muecas, riéndose de la forma de hablar de Mandy sin llegar a entender que ella tenia un nivel intelectual comparable a un adulto:
-Aveiz vizto que forma maz rara tiene de hablar la niña…
Los niños la humillaban y se reían de ella, era algo que ella no entendía y era por que se había convertido el centro de todas las burlas. Un empujón y uno de los niños le quito el portátil, Mandy intentó recuperarlo y le hicieron la zancadilla, cayó al suelo impotente sin ninguna posibilidad de recuperarlo:
-Por favor, niños lo necesito…
La niña de las coletas cogió el portátil y lo levantó para tirarlo contra el suelo para romperlo, pero una gran mano agarró el artefacto e impidió que lo tirara. Era Big T que estaba allí para proteger a Mandy que hizo que los niños salieran corriendo asustados. Mandy cogió el portátil y lo pegó contra su pecho, miró a su amigo con una sonrisa:
-Gracias, Big T. ¿Por qué los niños son tan malos? -Dijo Mandy dejando correr una lagrima por su rostro- Soy inteligente pero no sé como piensa…
Big T había ido a comprar unos refrescos, se sentó junto a Mandy y le dio una lata, preocupado miró su rodilla que estaba sangrando tras la caída:
-¿Estás bien, Mandy? Sé lo crueles que pueden ser los niños, yo tuve que soportarlo siempre, puede ser por que jamas fui tan listo como tú…
.... Capítulo 38 ...

miércoles, 16 de julio de 2014

Vampiros en la noche, Capítulo 6


Benedict Cumberbatch es Sasha
Benedict Cumberbatch es Sasha
Sasha seguía molesto con su hermana Maxime. Había decidido ir a visitarla al trabajo pero en recepción le dijeron que se había marchado.
«Estupendo.» Salió del edifico y chocó contra alguien.
—¡Perdone, no le había visto! —dijo una voz nerviosas.
Sasha la reconoció al instante.
—No te preocupes, Cynthia —dijo y sonrió.
—¡Ah! Perdona, iba distraída y… —Se sonrojó—, perdona —Le devolvió la sonrisa—. ¿Has venido a ver a Max?
—Sí, pero no está —contestó Sasha molesto.
—Vaya, otra vez se ha ido sin despedirse —Cynthia entornó los ojos.
—¿Quieres ir a tomar un café? —preguntó Sasha en un impulso.
—Eh sí, claro —Miró al edificio de la BBC—, pero no te importará esperarme un momento, ¿verdad? Subo a recoger mis cosas y vengo. Cinco minutos —Le guiñó un ojo.
—Tranquila, aquí te espero —respondió Sasha y la vio alejarse.
«Ésta chica es especial.» Se conocía desde que eran pequeños. Maxime había sido su mejor amiga desde casi el jardín de infancia, y cuando llegaron a la adolescencia, Sasha había notado que Cynthia se ponía nerviosa en su presencia. Su hermana siempre bromeaba con lo loca que estaba por él, pero Sasha, tres años mayor que ella, no la había visto de esa forma… al menos hasta hace unos meses.
Empezó a sentirse algo atraído por ella cuando volvieron de la universidad con sueños de trabajar en la BBC. Sasha vio un cambio en ella; seguía siendo la niña nerviosa y torpe que antaño, pero había madurado, e incluso esa ingenuidad le resultaba adorable, y aunque quisiera negarlo, a veces incluso la deseaba.
—¡Ya estoy aquí! —La voz de Cynthia le sacó de sus pensamientos—. ¿Vamos? Conozco una cafetería cerca que no está nada mal.
Sasha asintió y se dirigieron hacia el lugar.
—¿Te ha contado algo más mi hermana de lo ocurrido el otro día? —preguntó.
—No, nada más. La verdad es que ha estado algo esquiva toda la mañana —hizo una pequeña pausa—. Si ni se ha despedido, aunque parece que eso se está convirtiendo en costumbre —dijo con tono irónico.
—Ya veo —Sasha negó con la cabeza—. Nunca antes la había visto comportarse así.
—Ni yo. Ese chico la ha descolocado por completo.
Llegaron a la cafetería. Era un pequeño local, acogedor. Pidieron las bebidas y se sentaron en una de las mesas de caoba cercanas al gran ventanal.
—¿Le llegaste a ver? —preguntó Sasha de repente.
—¿A quién? —contestó extrañada Cynthia.
—Al chico que trae loca a mi hermana —Sasha dio un sorbo a su café con hielo.
—Ah, a ese. Sí, le vi en la entrada. Alto, delgado, guapo —Se quitó un mechón rubio del rostro—, y presuntuoso. Pero ya sabes que a Maxime le gustan así.
—Ya, los chicos malos, ¿no? —Sasha miró por la ventana.
—Sí, los que le pueden hacer daño si no va con cuidado —Le miró—. Oye, Sasha, ¿me has traído aquí para hablar de lo de la otra noche? Porque no sé más de lo que nos contó a los dos aquél día —Su voz sonó decepcionada.
—No, no —contestó Sasha con rapidez—. Yo… te quería invitar a mi cumpleaños —mintió.
Si que era cierto que quería invitarla a la cena, y que disfrutaba de su compañía más de lo que le gustaría admitir, pero estaba preocupado por Maxime y a veces eso le nublaba la mente.
Vio sonreír a Cynthia.
—Es verdad, tu cumpleaños es en unos días —dijo haciendo ver que no lo recordaba. «Por eso eres la primera persona que me felicita siempre, porque no lo recuerdas —pensó Sasha—, es adorable.»
—Iremos a cenar a Le Cavroche, ¿cuento contigo, entonces? —le preguntó con una de sus mejores sonrisas en los labios.
Cynthia se ruborizó de nuevo.
—Claro, ahí estaré —Se llevó el café a la boca y bebió tan rápido que empezó a atragantarse.
Jennifer Lawrence es Cynthia
Jennifer Lawrence es Cynthia
—¿Estás bien? —preguntó Sasha preocupado—. ¿Te traigo un poco de agua?
—No, no, estoy bien —contestó intentando serenarse.
Sasha sonrió. «Es adorable», pensó mientras observaba como miraba por la ventana. De repente, la melodía del teléfono móvil le sacó de sus pensamientos. Lo sacó del bolsillo de su pantalón, era Maxime.
—Vaya, al fin das señales de vida —dijo con tono sarcástico.
—No seas tonto, Sasha. Te llamo por lo de tu cumpleaños, ¿quedamos a las siete en casa de papá y mamá? —preguntó apremiante.
—Ni saludas ni nada, directa al grano —Sacudió la cabeza. Cynthia le miraba en silencio—. Está bien, quedamos así.
—Estupendo, adiós, hermanito.
—Sé puntual, hermanita —se despidió Sasha y colgó.
—Una conversación larga —dijo Cynthia con una sonrisa.
—Sí, menos mal que ha llamado ella —Sasha le devolvió la sonrisa—. Bien, pues quedaremos en casa de mis padres a las siete, ¿te va bien?
—Estupendo —contestó Cynthia.
Cuando terminaron sus cafés, se despidieron en la entrada del local. Sasha se marchó a su apartamento, deseando que llegara el día de su cumpleaños.
***
Raquel había esperado ansiosa la llegada de la oscuridad. Había escuchado a Aldur y Francesca hablar de que aquella noche saldrían de caza, y no podía esperar más.
En cuanto el último rayo de sol se apagó, fue a buscar a su familia.
Aldur y Francesca estaban en el gran salón con alfombras de terciopelo charlando entre ellos. Raquel entró en la estancia contoneando las caderas y se puso ante ellos.
—Ya es la hora —anunció con una sonrisa perversa en los labios.
—Veo que no puedes esperar —dijo Francesca gélida como el hielo.
—Hace mucho que no salgo, no puedo esperar más tiempo —contestó Raquel intentando contenerse.
—Paciencia, Raquel. Saldremos en breve —Aldur se puso en pie.
Megan Fox es Raquel
Megan Fox es Raquel
Raquel vio a Francesca cogerle del brazo, en un gesto afectuoso.
—Está bien, amor —dijo Francesca sonriendo.
—¿Qué quieres, padre? —Dante entró en la sala con paso solemne.
—Hijo, ya estás aquí —Aldur se soltó de Francesca y se acercó a su hijo.
Francesca sonrió al verlo. Raquel se acercó a ella, quedándose en un segundo plano. «En cuanto salgamos, empezará a volver a ser divertido esto de la vida eterna.»
—Me has llamado, y aquí estoy —dijo Dante con tristeza.
Raquel pensó en Satine, la amante de Dante que había descubierto la muerte verdadera hacía apenas un día. «Esa engreída se lo tenía merecido.» A Raquel nunca le había caído bien aquella chica, y el sentimiento era mutuo. Satine era distante, y Raquel pensaba que esa vampira no se fiaba del todo de ella.
—Hoy la familia saldrá de caza —dijo Aldur con voz grave.
—Pero, padre, ¿estás seguro? —contestó Dante con preocupación.
—Claro que lo está —contestó Raquel por él—. Somos más poderosos que esos humanos —estalló Raquel impregnada por las ganas de sangre—. Ellos deberían temernos. No son nada comparado con nuestra grandeza.
—No les subestimes, Raquel—dijo Dante.
Raquel le miró, pero no dijo nada más. Sabía que no les iba a ocurrir nada, era fuertes y los humanos, débiles criaturas que podrían partir como ramas con facilidad.
—Hoy quiero disfrutar de un banquete junto a mi familia —dijo Aldur y esbozó una sonrisa en su pálido rostro.
—Está bien, padre —Dante suspiró.
—Te vendrá bien, Dante —dijo Francesca con tono maternal.
—Entonces, vayámonos de caza —Aldur sonrió.
Los cuatro vampiros se dirigieron a la puerta de entrada. Raquel se sentía nerviosa. Aldur le hizo la señal de que abriera las puertas. Ella sonrió y las empujó, dejando que el aire fresco de la noche le acariciara suavemente la cara. Sus sentidos se despertaron y notaba cada sonido y olor a quilómetros de distancia. Sería una noche muy especial.
... Capítulo 7 ...